Los tres venenos más peligrosos de las relaciones

Para ser personas sociales, que necesitan de interacción humana constantemente, cada vez nos volvemos más ariscos, más egoístas… más raros.

Nos subimos a la burra, negándonos a bajar de ella, rechazando todo lo que no entra en lo que hemos imaginado.

Aquello que no encaja con la idea que llevamos en la cabeza… es descartado.

Así, acabamos rompiendo relaciones por no dar nuestro brazo a torcer, por no recapacitar… por guiarnos más por un impulso que por las consecuencias que puede tener después.

¡Ojo! No todos somos así…

También está el caso contrario, o actuamos en momentos puntuales de este modo, y luego pasamos radicalmente al primero. Nos agarramos a personas que nos hacen daño, como si fuera un clavo ardiendo en el que nos sostenemos para no estar solos.

Las calles de la ciudad estaban llenas de gente, pero la extranjera no se habría sentido más sola si hubieran estado desiertas

La ladrona de libros – Markus ZUSAK

Yo me he sentido así.

Estar rodeada de gente y sentirme totalmente sola, como una extraña, perdida. Sin embargo, no me he movido. Me daba miedo lo que pasaría después.

Igual era peor.

Porque siempre escuchas el típico es peor el remedio que la enfermedad. 

Te inhabilita para dar un paso, para moverte… seguir hacia delante.

Cada vez, te sientes más pequeñito, más insignificante… Hasta el punto de dudar de todos y cada uno de los pasos que vas a tomar.

Conoce los tres venenos que pueden contaminarte

Las cadenas sólo atan las manos, es la mente la que hace al hombre libre o esclavo

Franz GRILLPARZER

Al final siempre se reduce a eso… En cómo procesas la información en tu cabeza y le haces frente.

Si con carácter continuo te están machacando, empezarás a hacerlo tu mismo, repitiendo el proceso hasta que lo interiorices.

Hasta que sea tu primer pensamiento antes de dar un paso.

Generalmente, se suele asociar este tipo de comportamientos a las relaciones de pareja, pero están en tu día a día, con amigos, compañeros de trabajo… incluso familiares.

¿Cuáles son esos venenos que contaminan tu cerebro sin piedad?

Culpa

4. f. Psicol. Acción u omisión que provoca un sentimiento de responsabilidad por un daño causado.

El hecho de sentirte culpable por algo, o que hagan que te sientas culpable… elimina la tristeza. 

En este caso, tú ni siquiera intentas reparar el daño causado porque te importe la otra persona, sus sentimientos… o las consecuencias de lo que has hecho.

Tu intención es reparar el daño, pero porque tú te sientes culpable.

A veces, incluso te paraliza. Esperas la aprobación ante todo lo que hagas, por evitar volver a tener esa sensación. 

Acaba volviéndote manipulable.

Desesperanza

2. f. Estado del ánimo en que se ha desvanecido la esperanza.

3. f. desus. desesperación (‖ alteración extrema del ánimo).

Teniendo en cuenta que la esperanza es:

1. f. Estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea.

Nos lo quita todo.

Aquello que te rodea es negro, oscuro, sin luz.

Empieza poco a poco, con anotaciones minúsculas, pero siempre negativas, y se acaba convirtiendo en una costumbre peligrosa en la que únicamente te señalan lo que has hecho mal, sea o no sea verdad.

Potencian única y exclusivamente lo malo.

Crea un agujero negro, que cada vez se hace más grande, robándote la energía, dejándote exhausto, deprimido.

No vas a poder cumplir nada de lo que quieras… porque siempre lo haces mal.

Humillación

2. tr. Abatir el orgullo y altivez de alguien.

3. tr. Herir el amor propio o la dignidad de alguien.

Lo que empieza para eliminar parte del orgullo (o la altivez) de una persona, simplemente para que no rebata todo lo que dices… acaba convirtiéndose en un ataque a su dignidad, a su esencia.

Al principio te duele, es tu opinión, tu orgullo… y te relames las heridas. 

Sin embargo, si lo practican continuamente contigo, acabas sintiéndote inferior, creyendo que los demás te ven exactamente igual de mal. Después de todo, contradicen todo lo que dices…

Te juzgas, te valoras, empieza la típica pregunta de : “¿Y si no doy la talla?

Acabas aislándote, sin querer probar cosas nuevas siquiera. Sin probar lo que no te han autorizado.

Cómo combatirlos

Hay una película muy antigua, Gaslight, en la que tratan este tema con una relación de pareja tóxica. El marido consigue hacer pensar a su mujer que está loca, manipulándola para convertirla en alguien totalmente dependiente a él.

Para una persona como yo, que soy más terca que una mula y por mucho que se repita tardo tiempo en cambiar de opinión… es como hablarle a una pared.

¡Gracias a Dios!

Sin embargo, esta no es la fortuna de todo el mundo.

Tu opinión también cuenta

Puede parecer muy fácil decirlo, y complicado llevarlo a cabo. Sin embargo…

Nunca.

Jamás.

Puedes no tener la razón en nada de lo que salga por tu boca.

Si no, apaga y vámonos.

Ejemplo:

Algo tan simple como elegir un plan, o un restaurante.

Hay personas que, de primeras, siempre dicen: “Me da igual, lo que digas

Sin embargo, en cuanto propones una idea, empiezan a poner pegas. Yo tenía una amiga así. Cuando quedábamos, siempre le daba igual dónde ir, pero acabábamos yendo donde ella quería desde el principio porque ningún sitio que proponía yo le parecía bien.

Acabé cansándome de malas caras si no cedía, o de ir al lado de su casa si cedía…

Argumenta en tu cabeza tus decisiones

Ser firme en lo que uno piensa debe ser prioritario, aunque tengas que dar tu brazo a torcer de vez en cuando.

¿Por qué es más válida su opinión frente a la mía? ¿Pueden convivir?

Por muy terca que sea yo, si no tengo razón, no la tengo. Y hay veces que aunque sigo pensando que tengo razón yo, doy el brazo a torcer.

No me fustigo. No me recrimino.

Acepto que no siempre pueden hacerse las cosas como yo quiera, pero recuerdo. Tampoco pueden hacerse las cosas siempre como quieran los demás.

Ejemplo

Tenemos unos amigos que, si no se hace lo que ellos quieren, no salen. A veces incluso hablan a escondidas con parte del grupo para llevarlos a su terreno.

La última vez que lo hicieron fue en Pilares. Propusieron ir al lado de su casa, al Ebro Food, en vez de a la fiesta de la cerveza. Había puestos de comida y entendimos que, al quedar a las nueve de la noche, cenaríamos todos por ahí.

Fuimos los únicos que no habíamos cenado de todo el grupo. Una pareja dijo que iría más tarde porque iba a cenar sentada, y los otros se habían tomado la justicia por su cuenta cenando en casa antes.

La verdad es que nos sentó mal. Y aprovechando que íbamos al baño, nos fuimos a cenar a un bar. Lo jodido fue que, como habían cenado poco, decidieron sin avisar ni esperarnos ir al mismo bar a picar algo. Y se quedaron sorprendidos de vernos, hasta nos lo recriminaron.

No habíamos hecho nada malo. No querían comer, decidimos lo mejor para nosotros. Cenar sentados, y calientes.

Decide hasta qué punto estás dispuesto a ceder

Equilibrio.

No hay que ser un borreguillo, ni un toro bravo.

Igual que decir que sí a todo acaba limitando tu personalidad, o situaciones en las que no te encuentres cómodo… No bajarte de la burra puede desencadenar el que acabes completamente solo.

¿Hasta qué punto estás dispuesto a llegar?

¿Cuándo vas a decir “basta”? ¿Y “me parece bien”?

Ejemplo

Si volvemos al primer ejemplo que he puesto, el de ir siempre donde ella quería… Sumado a otros factores, como que una vez me dijo que me callara porque no le gustaba lo que le estaba diciendo, o que se pusiera como una energúmena porque no pude llegar a la hora en punto un día que hacía frío (cuando ella me hacía esperar de normal más de quince minutos siempre)… Consiguió que me levantara de la silla y me pirara.

Cuando quedamos con más amigas, ponía semejantes caretos al verme que un día opté por ponerme delante y darle la espalda. Le saco una cabeza, así que le molestó todavía más porque la excluí del grupo.

Sin embargo, no volvió a poner malas caras. Me ignoró en otras quedadas y yo a ella, pero el ambiente ya nunca fue tan tenso. Años después me la encontré por la calle, y se paró a saludar e incluso me propuso quedar. Por bienquedar. Porque cuando le escribí no llegó a contestarme.

Me ha resbalado totalmente. No quiero personas así en mi vida.

¿Alguna vez te ha pasado a ti? ¿Cómo te has comportado? ¿Has tardado en darte cuenta? ¿En que haga el click tu cabeza?

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