Cómo sobrevivir a la pandemia: mental y emocionalmente

El estado de alarma y el confinamiento lleva su quinta semana completada, y empezamos con la sexta.

Hemos pasado por mucho, desde la histeria en los supermercados, las risas en las redes sociales y los grupos, la angustia y tristeza con el trabajo, los roces en casa… Se puede decir que el coronavirus ha puesto patas arriba todo nuestro mundo.

Y si con algunos cambios pequeños ya sufrimos, ya activa nuestra señal de alerta… con esto, ni te cuento.

El miedo

Cuando empezó todo esto, y la gente iba a comprar como si no hubiera un mañana, había conversaciones de todo tipo. Desde que esta crisis la habían creado los inversores de bolsa, para hacer caer el mercado de valores.. hasta que era para fomentar la investigación de las farmacéuticas chinas…

Yo no sé cómo ha salido esta crisis, cómo ha llegado a España, ni cuándo vamos a salir de ella. El problema es que, como yo, creo que no lo sabe nadie.

Y el no saber qué va a pasar, no asociar un futuro próximo a algo predecible… Asusta.

Desconocimiento de si la empresa en la que trabajas podrá resistirlo, si tú vas a conservar tu puesto de trabajo, si vas a seguir estando en casa mucho tiempo, si tus hijos van a tener que recuperar el curso perdido, si vas a poder irte de vacaciones, si puede que pierdas ese viaje que con tanto tiempo habías planificado…

Incluso si puede que te contagies y, sin saberlo, contagies a un ser querido que esté en un grupo de riesgo.

El miedo puede llegar por muchos lados, pero pocas veces sabemos asociarlo a algo verdaderamente real.

Qué tipo de cosas tienes en tu vida… que estás notando ahora más que de normal

Para no quedarnos paralizados por el miedo, sin saber ir hacia delante o hacia atrás, un ejercicio que podemos poner en práctica y ver qué nos asusta, o nos incomoda… es mirar a nuestro alrededor.

Ahora que estamos más tiempo en casa, y tenemos tiempo de pararnos a pensar un momento… es nuestra oportunidad de ver con claridad.

El tiempo

Normalmente, nos quejamos por no tener tiempo. No poder disfrutarlo en casa, no poder arreglar ese armario que tiene un pomo salido, ordenar el armario, clasificar las fotos, hacer un álbum…

Sin embargo, ahora que lo tienes… Miras las redes sociales, compartes los vídeos que te pasan de un grupo a otro, haces videollamadas a través de Zoom, Whatsapp, Hangouts, Google Meet, etc… Te descargas aplicaciones para hacer tus propios vídeos…

Ahora que tienes tiempo, lo desaprovechas, y te quejas porque lo tienes.

Relaciones personales

Esto me ha pasado a mí… Dentro de los grupos de amigos, están: los de la ciudad, los del pueblo de toda la vida, los de la carrera, los del trabajo…

Puede que a ti no te pase, que sea yo la rara, pero yo antes no hablaba con ellos a diario (bueno, miento, con los del trabajo sí… pero por trabajo). Y no creas que era porque los veía todas las semanas, pero no aparecía esa necesidad imperiosa de hablar a diario.

Sin embargo, ahora que estás aislado, que te han prohibido quedar con esas personas… Sí que sientes la necesidad de estar en contacto con ellos.

Ahora que no puedes verlos, te das cuenta de lo mucho que echas en falta echar esa cerveza o mantener una conversación.

Rutinas

Todos tenemos una rutina, desde que nos levantamos hasta que nos echamos a la cama. Puede que cambie ligeramente alguna actividad en un día concreto porque has quedado con alguien, o tienes que hacer un recado… pero solemos tener la siguiente rutina:

  1. Levantarse
  2. Desayuno
  3. Trabajo
  4. Comer
  5. Trabajo/Siesta
  6. Descanso/Gimnasio
  7. Cena
  8. Tele
  9. Dormir

Y vuelta a empezar. Sabemos nuestra ruta al trabajo hasta tal punto que podemos ir empanados perdidos y llegar allí sin saltarnos ni una sola calle, igual que sabemos cómo llegar al gimnasio o nuestros sitios habituales… 

El cambio de rutina, que ahora sería:

  1. Levantarse
  2. Desayuno
  3. Mesa de casa/Poner a los niños (si tienes) a hacer actividades
  4. Comer
  5. Niños/trabajo
  6. Tablas en casa/Descanso
  7. Cena
  8. Tele
  9. Dormir

No cambia… pero sí lo hace, y mucho, porque es un recinto cerrado. Te alteran la rutina del movimiento, y tu cerebro no lo registra como debería. Y se estresa.

El dinero

O la ausencia de él.

Si te fijas, lo que hemos hablado ahora afectan en tu forma de actuar. Te vuelves más cercano, necesitas más ese entorno de pertenencia y seguir unas pautas.

Las posibles consecuencias con tu dinero, o lo rápido que puede irse de tu cuenta corriente… pueden ser mucho más devastadoras.

Y es que, en este aspecto… tienes la certeza de que recuperarlo no va a ser algo tan rápido como volver a ver a tu familia, a tus amigos, ni a volver a la rutina de salir a la calle aunque sea con una mascarilla, incluso de volver a poder quejarte de no tener tiempo por todas las cosas que quieres hacer cuando acabe el confinamiento.

Aquí tienes la certeza de que te va a costar, porque ya te ha costado mucho esfuerzo reunirlo antes.

Y esa inestabilidad… hace tambalear los cimientos de todo lo demás.

¿Qué historias has ido creando sobre estos elementos?

Tendemos a convertirnos en “Drama Queen” / “Drama King”, pero no sabemos de dónde viene.

¿Haces muchas cosas al día pero sientes que no has hecho nada? ¿O es que tienes todo hecho y ya no sabes qué hacer?

¿Has llenado la nevera hasta las trancas que es imposible que congeles algo más y está echándose la comida a perder? ¿O cada vez que vas al supermercado acabas comprando cosas que no querrías porque otros se han llevado compulsivamente lo que querías comprar tú?

¿Pasas tanto tiempo con la familia que ya no sabéis de qué hablar? ¿O habéis empezado a discutir porque uno ha hecho una cosa y el otro no? ¿Porque ha comprado algo que no necesitáis para nada… y estáis los dos en ERTE ahora mismo?

¿Qué es lo que se te ha pasado por la cabeza y en qué momento?

Ese, es el factor desencadenante.

Es lo que crea la crisis en tu cabeza.

El desencadenante

El miedo empieza a abrirse paso en tu mente de forma despiadada en ese momento en que dejas de pensar que tienes el control de la situación.

Normalmente, como nuestro cerebro trabaja en automático, mecánicamente, sabe qué es lo que tiene que hacer en todo momento para seguir la rutina diaria. Sin embargo, en el momento en el que lo dejas descansar, ese momento en que le das un respiro… se pone a trabajar de forma desastrosa.

Dándole demasiadas vueltas a las cosas, incapaz de quedarse en blanco, parado… No. Le gusta reconcomerse, bañarse prácticamente en la mierda, metiéndose en el fondo de un pozo sin mirar cómo salir de ahí, o siquiera intentarlo.

Aparecen los miedos por quedarte sin gente a tu alrededor, por perder el contacto, las manos amigas, el dinero que te permite sobrevivir y comer todos los meses… o, simplemente, sentirte atrapado en casa, mientras estás trabajando.

No sabes de dónde viene exactamente, pero notas la sensación en tu cuerpo.

Inquietud.

Ansiedad.

Gula.

Falta de hambre.

Insomnio.

Diarrea

Estreñimiento

El nudo en la boca del estómago.

El hielo en tu pecho.

La gota de sudor frío en la espalda.

Los sentimientos negativos, que acaban pagando los que menos culpa tienen… sólo porque están cerca de ti.

Esas sensaciones, que acaban convirtiéndose en algo físico, vienen de algún sitio. Nuestro deber, para estar en paz con nosotros mismos y poder salir de esa crisis que nuestro cerebro ha creado… es averiguar cómo se generan exactamente.

Cuál es el miedo asociado a ese desencadenante

Las historias que creamos en nuestras cabezas vienen por el propio miedo. Los famosos “Y si…”, “¿Qué pasará si…?

Nos convertimos en auténticos Rapels, aunque tengamos la misma visión que este vidente.

Por ejemplo, si tomamos perder el trabajo como un desencadenante, los pensamientos que pueden venirnos a la cabeza son:

  • No voy a poder pagar el alquiler
  • Me van a echar del piso
  • No puedo comprar comida
  • Ni siquiera tengo un sitio donde dormir
  • Voy a tener que volver a casa de mis padres, con estos años…
  • Como están echando a tanta gente, quién me va a contratar a mí

Se va formando una nube totalmente negra encima de nuestra cabeza, cargándose cada vez más y más, preparándose para la tormenta.

Lo sé, porque a mí me ha pasado. Yo salí de la carrera en 2010.

Sin experiencia. Con la misma formación que todos los demás.

Los bancos siendo rescatados. Echando a gente con experiencia. Re-ubicándolos en otras oficinas.

Tenía los huevos (y soy mujer) en la garganta. 22 años estudiando para salir cuando no solo no contratan a nadie, si no que están echando a la puta calle a una buena parte de la tarta.

¿De dónde venía ese miedo? ¿Me veía inferior a los demás? ¿A que no lo iba a poder conseguir?

¿Lo había llegado a intentar?

No lo había intentado, sólo dejaba que esos pensamientos pulularan una y otra vez por la cabeza.

Así, no iba a funcionar. Igual que te va a pasar a ti si no te pegas la bofetada mental que me di yo en aquel entonces.

Reemplaza el sentimiento de escasez con abundancia

Se ha puesto de moda hablar de la escasez, la frugalidad, el minimalismo… y compararlo y asemejarlo a la abundancia, la riqueza… y el poder del menos como más.

Incluso han metido el entorno cósmico en este sentido. Boh, lo siento, yo no voy a hablar de lo que te depara el Universo, soy bastante más práctica que todo eso. Pero sí te digo una cosa: Si crees que no lo vas a conseguir, no lo conseguirás, porque no vas a hacer lo suficiente para conseguirlo.

Nosotros, estamos programados para pensar que lo escaso es malo.

Qué comida más escasa” = Qué poca comida

Y es que, se define la escasez como la falta o carencia de algo. Lo insuficiente.

Si hay escasez de recursos… estamos jodidos. ¿Cómo, Ana, vamos a pensar en positivo o en lo abundante… si estamos hablando de la escasez?

Reformulando

Pero reformulando bien, en tu cabeza, en tu mente… hasta que seas capaz de creértelo.

No es porque hay que ser positivo, o ver el lado bueno de las cosas… es porque hay que ser pragmático, más aún en una situación como esta donde todo se escapa de nuestro control.

¿Qué puedes controlar? Tu cabeza

Por ejemplo, si por seguir el desencadenante de antes, hablamos de perder el trabajo… vamos a pensar primero, ya haremos conjeturas después. Por ahora, no lo has perdido, simplemente estás en ERTE o teletrabajando (o trabajando físicamente, ¡que hay para todos los gustos!)

  • Apunta todo lo que es útil de lo que haces en tu trabajo.
  • Anota también aquello que haces tú mejor que los demás.
  • Define, de esas actividades, a qué competencias se pueden asociar, cómo las has llevado a cabo, en qué proyectos o sistemas.

Estos son tus argumentos para verte útil en tu trabajo. Para que tú seas necesario en la empresa. Son los argumentos válidos para que tu cabeza sienta, y se asegure, en ese escenario.

¿Que finalmente, por causas ajenas y externas, sale mal? Bueno, todo en la vida se puede torcer, pero esos argumentos siguen siendo válidos, para la búsqueda de otro puesto de trabajo. Porque esas competencias… son necesarias, en tu actual empresa, y en otras.

El siguiente punto a tratar, sería el miedo que provoca ese sentido de urgencia.

Principio de urgencia

¿Cómo puede afectar una pérdida de trabajo a tu día a día? ¿Tendrías derecho a paro? ¿Qué tipo de indemnización tendrías? ¿Durante cuánto tiempo podrías sobrevivir con esa indemnización, prestaciones y el ahorro que tienes?

Dependiendo de lo que contestes, hablando del momento tiempo… establecemos un periodo de tiempo en el que todo debe estar resuelto. ¿Un mes? ¿Dos meses? ¿Seis?

Hablamos de tu urgencia para: esperar a verlas venir, o empezar a actuar… por si acaso.

Si las barbas de tu vecino ves cortar… pon las tuyas a remojar

Proverbio popular del refranero español

No intentes evadir el miedo

Sentir miedo está bien. Es un principio básico de supervivencia.

El miedo de los hombres para ser cazados por animales salvajes les permitía correr más rápido que ellos, incluso trepar por los árboles más rápido.

Está en nuestros genes, en nuestra esencia. Todo ser humano piensa única y exclusivamente para sobrevivir. Por eso, ahora nos centramos en los principios de urgencia.

Dependiendo del tiempo, vamos a actuar de una forma o de otra. Mientras haya tiempo, tendemos a relajarnos. Cuando no lo hay… o nos agobiamos, o actuamos.

En esta situación, ¿cómo actuarías tú? ¿Qué medidas llevarías a cabo?

He hablado únicamente de la opción de perder el trabajo, pero hay otro tipo de desencadenantes en esta crisis, en esta pandemia.

Si te agobia pensarlo, o no sabes cómo podrías reenfocarlo… No dudes en ponerlo en tus comentarios, o en contactar conmigo directamente. Estoy encantada de ayudarte a cambiar el punto de mira.

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