Síndrome del objeto brillante y las luces de Navidad

Me gusta asociar el Shiny Object Syndrom a los niños pequeños.

Hace unos días me llevé a mi sobri a Abracadabra para que eligiera un regalo, porque cuando me fui de vacaciones no le traje nada (la verdad, no vi nada que me gustara, y lo que me gustaba ya lo tenía jajajaja).

El proceso me sorprendió, pero me dijo mi madre después que yo hacía exactamente igual. Bueno, yo… y el resto de niños imagino. La cosa fue así:

  • Mi sobrina iba corriendo de aquí para allá porque se conocía la tienda de cabo a rabo.
  • No nos dejamos ni un sólo estante sin mirar.
  • 45 minutos más tarde, después de dos vueltas a la tienda (una rápida, otra detenidamente explicándome todo lo que tenía) señaló un Furby. La respuesta fue no, eso había que dejarlo para los Reyes Magos. Hubo otros intentos… pero al final resultaron negativos por lo mismo. Un detalle por volver de vacaciones no van a ser 100EUR, lo siento.
  • Entonces, se acercó a una estantería y se asomó a ver unos hamsters. Unos hamsters de juguete. Vimos todos los colores posibles, y agarró dos. Cuando le dije: “María, elige uno” frunció el ceño y me contestó “¿Cómo voy a elegir uno si tienen que hacer carreras?
  • Después de intentar negociar con ella… acabé comprándole los dos.

Objeto brillante vs. el síndrome de la pelotilla

Cuando salimos de la tienda de juguetes, no pudo esperar siquiera a llegar a casa para abrirlos y empezar a jugar con ellos.

Se puso en mitad de Gran Vía, en el paseo, arrodillada en el suelo y los enchufó. Resulta que iban a pilas, y yo no tenía ni idea. Sin embargo, la pequeñaja sabía perfectamente todo lo que podían hacer esos bichitos.

Objeto brillante

En Gran Vía, en Zaragoza, hay parques infantiles y niños correteando por allí, y aunque todos tenían bicis y sus propios juguetes… el síndrome del objeto brillante enganchó a todos. De repente, tenía a dos o tres chiquillos al lado de mi sobrina, mirando cómo los malditos hamsters daban vueltas en círculo. Sus juguetes, en el suelo, desperdigados.

La muy pilla me había engañado como había querido: no hacían carreras.

Como niños que son, uno cogió un animalillo para analizarlo, y mi sobrina perdió el interés y pilló el patinete de ese niño para montarse. En cuanto la vio, fue corriendo hacia ella casi para darle un empujón y quitarle de su patinete.

Pelotilla

Y es que, el síndrome de la pelotilla no es otro que, aún cuando no quieres algo que es tuyo, en cuanto otro le va a echar la mano encima, lo deseas más que a nada.

A los adultos también nos pasa. Olvidamos lo que tenemos, y pasamos olímpicamente de eso mismo. Sin embargo, es vérselo a otra persona para que unas ganas insanas de recuperarlo, de volver a usarlo…

Por qué son peligrosos

Mientras que el primer síndrome es un efecto del marketing, si no apreciamos realmente lo que compramos porque le vamos a dar una utilidad real… lo olvidaremos. Incluso lo tiraremos.

Porque no lo ansiamos. Se ha pasado el brillo que nos llamaba al principio.

Cuando se lo veamos a otro, empezará el segundo.

¿Por qué lo tiraría?

¿A qué fin si era tan importante para mí?

Y volveremos a caer en la misma trampa. Si no lo usaste la primera vez, no lo vas a usar la segunda. Asúmelo. Es porque te da “envidia”, rabia de haberlo tenido y no usado.

Sin embargo, no lo necesitas, no lo ansías… es sólo por las comparaciones.

Si otro lo tiene… tú también lo quieres.

Las luces de Navidad y los anuncios en la televisión

Después de ver El Club de la lucha, empecé a fijarme más en los anuncios de la tele. Me gusta intentar entender cómo actúan los departamentos, y cómo pueden influir en nosotros, para que no me pase.

Mi madre, por ejemplo, es una antítesis a la publicidad. No se fija en lo que sale por la tele, no asocia los anuncios a las marcas, y pasa olímpicamente de ellos.

La verdad es que me parece digno de estudio. Aunque también debo decir que más de una vez le he tenido que contar 4 veces lo mismo porque no recuerda que se lo haya dicho. Y al final siempre dice “Ah, es verdad… Ya no me acordaba

Debo ser como un anuncio televisivo jajajaja.

Tipología de anuncios en virtud del público

A la hora de crear un anuncio que sea influyente, que llame la atención… tenemos que saber el público al que nos estamos dirigiendo.

Por ejemplo, la Cocinera ahora mismo está haciendo una campaña muy fuerte relacionada a los sabores de toda la vida, a los de casa o “la abuela” poniendo a mujeres de tercera edad delante de las pantallas. No son los primeros, porque Litoral con su famosa fabada ya lleva años haciéndolo.

Imagina que, para marcas de bebida para gente joven como puede ser el Brugal, pusieran a estas señoras en vez de a gente joven de fiesta, pasándoselo bien… 

¿Llamaría la atención a las señoras? Seguramente no. Pero es que a los jóvenes tampoco.

O iPhone, por no centrarnos únicamente en el sector de la alimentación. Sus anuncios se centran en la exclusividad, la diferencia de marca. Incluso es capaz de tener su sistema operativo, totalmente independiente del resto de empresas de móviles, y no le afecta negativamente.

Marcas que han aparecido después intentan que sus gráficos, su plataforma operativa, sin ser Linux se asemeje visualmente a los diseños de iPhone.

Lo cierto es que iPhone puede parecer que no tenga un público definido por sexo, edad, o tipo de trabajo. Lo define por los requisitos que quiere en su móvil: velocidad, almacenamiento, innovación, exclusividad, gráficas, lentes, calidad en la pantalla…

No cambia la estética, no es necesario para él. No altera demasiado las funcionalidades. Pero siempre se caracteriza por una cosa – ser el primero en el lanzamiento.

Por eso, se ha ganado su cuota de mercado, que actualiza el teléfono a uno nuevo prácticamente en cuanto abre las puertas.

Los horarios de los anuncios

El otro día, acabábamos de cenar cuando empezaron a salir anuncios de McDonalds y Burguer King sin parar. Daba exactamente igual qué canal vieras, parecía que habían tomado el monopolio del horario.

Pasa lo mismo con el mediodía y los juguetes para niños pequeños. O a final de noche con las colonias… y las páginas de apuestas.

De repente, no ves otra cosa: pueden cambiar las marcas, pero no la tipología de anuncios.

Si volvemos al punto anterior, es única y exclusivamente porque saben que su público objetivo está viendo la tele en ese momento. Ese canal.

Lo saben a través de encuestas, envíos de correos de publicidad, lo que buscas en Internet… Las malditas cookies de Internet.

Cada vez hacemos más búsquedas, y luego nos aparecen en la pantalla del ordenador esas búsquedas en un rincón, o en una página que tenga anuncios de publicidad.

Realizan estudios y estadísticas para poder saber cuándo vas a estar en cada canal, los vídeos que ves en Youtube más, y pagan por insertar anuncios que pueden ser de tu interés.

Al final, se trata de que lo veas una y otra vez hasta que caigas.

Crearte una necesidad

La publicidad se encarga de observar, analizar y crear una necesidad que todavía no sabes que tienes.

Está muy bien que alguien cree el producto final, pero el que decide el formato, la apariencia, y cómo se va a vender para que te entre por los ojos… es un publicista.

Tiene que saber cómo puede meterse en tu cabeza para que, cuando veas lo que te enseña, lo quieras. Puede llegar a resultar complicado de entender, pero… ¿Cuántas veces te ha apetecido tener algo, o querer hacer algo, cuando has visto un anuncio?

Barrer con la mirada

El mundo de los escaparatistas está en auge. De hecho, cada vez son más codiciados en las empresas para que diseñen un escaparate que atraiga las miradas, que invite a entrar en su establecimiento.

Sin embargo, no es nada nuevo. Es igual que la fotografía. La buena fotografía.

Encuadre. Tonos. Luz. Y que dentro de una imagen que pueda ser inadvertida, haya un foco. Algo que desentone, que te diga: “¡Hola, hola! ¡ Mirameeeeee!

Por eso las tiendas ya no se centran únicamente en el escaparate. Lo están aplicando ya al interior de la tienda. ¿Cómo?

  • En vez de poner las prendas por tipología, lo hacen por colores
  • No mezclan texturas, o colores. Les interesa más que veas repetitivamente el mismo producto en distintos colores, por si no te gustaba la forma de uno en un color, cuando lo vuelves a ver en otro pueda llamarte la atención.
  • Cambian la distribución cuando menos te lo esperas, por si no lo compras la primera vez que veas algo distinto cuando vuelvas a por él, y tengas que buscarlo.
  • Te muestran combinaciones, con los zapatos, bolsos, sombreros alternados y combinados. Te buscan el propio maniquí, aunque esté en perchas.

Si te quedas en el centro de la tienda, y das una vuelta de 360º, fíjate. Puede que veas separado lo que es de fiesta de lo que es de diario, pero a partir de ahí… explosión por colores.

Las luces de Navidad

La ciudad iluminada, cuando más escasez de luz solar hay.

Llenarse de azúcar con un chocolate calentito.

Envolverse en un jersey con un abrigo y ponerse unas botas cómodas.

Ver con ganas cómo se acercan las vacaciones, las comidas familiares, quedadas con amigos, la cena de empresa…

Provoca esa sensación alegre en nuestro cuerpo, que se suma a los deseos de año nuevo y al espíritu consumista de estas fechas.

Y las empresas… no ayudan.

Por eso, tener en cuenta cómo actúan los publicistas, y cómo influyen en nuestros pensamientos, es muy importante cuando se encienden las luces de Navidad.

Aparecen las compras compulsivas, no sólo porque nos lo pidan familiares y amigos, sino porque todo empieza a llamarnos la atención y nos incita a gastar.

Reconoce cuándo es porque lo quieres, cuándo es un capricho, y cuándo es porque lo tiene otro. Porque el que vale… es el primero, no los otros dos.

¿Por cuál te guías tú a la hora de hacer las compras de Navidad?

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