Tu proposición indecente: el miedo a crecer

No es nada nuevo que tenemos miedo al cambio.

Preferimos casi siempre quedarnos donde estamos a avanzar. Porque los principios son siempre a ciegas, y hasta que encontramos el interruptor… alguna ostia nos damos.

Al menos, en la mayoría de los casos.

Hay distintos tipos de cambios, desde el continuo y de pequeños pasos… al radical.

Cambio: nivel principiante

Conoces tu entorno, herramientas y competencias.

Eres un experto en la materia.

El cambio nivel principiante se resumiría como un aumento en responsabilidades, pero dentro de tu mismo rol.

Es la suma de tareas.

Caso real

Esto le ha pasado a Enrique este año. Trabaja como contable en una empresa, y lo combina con la prevención de riesgos laborales.

Como es una persona movida, inquieta, y con ganas de ayudar en todo lo que esté en su mano, normalmente coge tareas adicionales para descargar a los demás cuando él no va con el agua al cuello.

Su proactividad se ha convertido, en más de una ocasión, en una losa, porque lo que él hace voluntariamente cada dos por tres… muchas veces se ha convertido en una obligación que le exigen si no lo ha hecho.

A finales del año pasado se contrató a un analista de negocio para poder analizar la empresa y su crecimiento. Acabó derivando en:

  • Menos trabajo para los jefes
  • Más trabajo para Enrique.

Su primera sensación fue pánico.

Agobio.

Una soga al cuello.

Realmente, sólo iba a haber una diferencia: no se cruzarían datos, ni se duplicarían actividades. Se centraría únicamente en uno.

Sin embargo, si su jefe hubiera pensado que no lo podía hacer, habría parado la decisión del asesor. Si él pensara que no llegaría a tiempo, o le diera demasiada importancia a las fechas límite… hubiera contratado a más personal.

Confianza. Porque lo conocen. Saben de lo que es capaz.

Cómo ha acabado

La diferencia estaba en que él ya hacía todo eso. No había nada nuevo.

Sin embargo, el volumen de trabajo iba a ser mucho mayor.

Él se centraba en eso, en que si ya iba agobiado en aquel entonces… Si le sumaban aquellas tareas, ¿cómo iba a llegar a todo?

Analicemos:

  • No iba a haber formación adicional
  • Ni tendría que revisar lo que hacían otras personas
  • Tampoco habría que corregir duplicidades del mismo proceso

Lo único que tenía que hacer era:

Gestionar su tiempo.

A los dos meses había cogido la rutina, había adecuado su horario y sus fechas límite para cuadrarlo todo.

Está encantado de que nadie meta mano en sus papeles, porque así nadie los puede perder. Y él se siente como un detective cuando coteja todo.

Cambio: nivel intermedio

Conoces el entorno básico, has estado trabajando en eso durante un tiempo.

Sin embargo, te añaden tareas totalmente distintas, nuevas.

¿Darás la talla? ¿Las aprenderás fácilmente? ¿Cometerás fallos? ¿Se podrán arreglar o son irreversibles?

Es un cambio de rol en el mismo centro de trabajo.

Una subida de nivel

Caso real

También le ha pasado a un amigo nuestro. Hace unos meses.

Como cambiaban a su jefe de departamento, lo ascendían a él para ocupar su lugar. Por antigüedad, experiencia, y porque lo vale.

Es el comercial con mayores resultados en la empresa desde el tercer mes que estuvo contratado.

¿Conoces ese hormigueo de excitación y miedo?

Excitación, porque realmente quieres verte en ese puesto de trabajo, miedo porque crees que es demasiado pronto, lo veías a más largo plazo… y no sabes si lo vas a hacer bien o no, porque tu predecesor era el puto amo…

Déjame decirte una cosa: te ha elegido tu predecesor. Confía en ti, por eso te ha elegido por encima de otros.

Cómo ha acabado

Lo que pensaba que era muy radical, está siendo un proceso suave.

Tareas como motivación a sus equipo, cotejar los números, ver dónde flojean para ayudarles a mejorar… Ya las hacía.

No las ha tenido que aprender.

La mieditis a poner precio a los coches, a analizar qué rentabilidad puede sacarles, qué debe potenciarse de ellos… ha visto que en cierto modo ya lo iba haciendo en su antiguo puesto, porque tenía sus baremos.

Esa sensación angustiosa por viajar y hablar en público, poner cifras y datos reales a compañeros… En fin, un comercial lo hace a diario con desconocidos, un público mucho más cruel que compañeros de trabajo.

Y se siente apoyado. Puede preguntar si tiene dudas, y no lo miran como a un bicho raro.

Porque todos hemos sido novatos.

Cambio: nivel intermedio-alto

Este cambio da escalofríos, pero es motivador y llena de ilusión.

Se trata del cambio de trabajo, en el mismo sector.

Como en los anteriores, sigues conociendo tu entorno, eres un experto en la materia. Sin embargo, cambias de empresa.

Las preguntas que suelen atenazar los pensamientos ante ese cambio son:

  • ¿Me adecuaré a la nueva forma de trabajo?
  • ¿Manejaré bien el programa? ¿Cambiará mucho e iré más perdido que una puta en un convento?
  • ¿Cumpliré las expectativas? ¿Son similares a las que tengo en mi actual puesto de trabajo? ¿Van a cambiar radicalmente?

Después de todo, conoces tu empresa, sus valores y su forma de trabajar. Sabes hasta qué punto pueden pedirte cosas, y hasta dónde estás dispuesto a llegar por ellos.

De los nuevos, no tienes absolutamente ni idea de qué quieren, qué esperan de ti, cómo van a tratarte.

Y eso asusta. Todos tenemos un sensor en la cabeza que dice: “¡Alerta! ¡Peligro!” ante una situación que desconocemos.

Qué hacer

Valora si en tu empresa puedes llegar a conseguirlo, aunque sea más adelante.

Analiza tu poder de negociación en tu actual puesto de trabajo. Después de todo, hay veces en las que puedes aspirar a más y seguir creciendo, y otras… a quedarte donde estás (ejemplo, si estás por debajo del jefe)

Comparte con tu entorno cercano (preferiblemente, no en el trabajo) tus inquietudes. Seguramente te den un punto de vista que no te hayas planteado.

Pregunta directamente a tu jefe si hay una perspectiva de que tu situación laboral cambie en la empresa hacia esa dirección.

Cambio: nivel avanzado

Este es el último, y el que más paraliza a la gente.

Con los anteriores puede haber posibilidad de volver al origen, de retacular.

En este, lo que paraliza es no poder echar la vista atrás.

Es el cambio de puesto de trabajo.

A veces viene obligado, bien por un despido o una situación insostenible. Otras veces… es más complicado porque eres tú el que toma la decisión.

Caso real

Esto me ha pasado a mí.

Si has querido conocerme un poquito más, has podido comprobar que yo he trabajado en dos sectores que no tienen nada que ver.

A mí me ayudó bastante a tomar la decisión el entorno. Después de varios ERE’s, posibilidades de venta a otras empresas para el servicio que mi equipo daba… y con probabilidades cada vez más altas de quedarme en la calle… Algo tenía que hacer.

¿Cambiar a otro banco? Empezar por ETT o cubriendo bajas en banca durante 2-3 años, para que luego cogieran a otro joven que hiciera lo mismo… no era la mejor opción.

¿Y si cambiaba de sector? Cuando llevas trabajando en el mismo puesto de trabajo más de 4 años… es complicado hacer ese cambio. Porque te han catalogado.

Yo llevaba 6 y medio.

Vamos, que lo llevaba crudo.

Qué hice

Por “un defecto” de mi cabeza, en el que al principio tengo sangre fría y luego, cuando está todo tranquilo, me vengo abajo… agarré al toro por los cuernos.

Ni corta ni perezosa, volví a hacer lo que había hecho con 22: un DAFO.

¿Qué utilizarían las empresas en mi contra, como debilidad, para no contratarme?

¿Qué amenazas de los sectores podía encontrarme?

¿Cuáles serían las fortalezas que debía hacer ver a esas empresas?

Y lo más importante, ¿cuáles eran las mejores oportunidades laborales para una persona como yo?

Definí mi perfil para puestos de analítica, donde necesitan a personas tan cuadriculadas como yo. 

Averigüé mis deficiencias, y en qué estaba obsoleta o necesitaba hacer un refresh de formación.

Busqué cursos que me encajaran con precios y horarios.

Lo llevé a cabo.

Seis meses más tarde firmaba una excedencia para probar el nuevo puesto. Mientras seguía con mi curso de formación.

Aun teniendo mi puesto asegurado, tenía un miedo atroz. Una excedencia es firmar tu carta de liquidación y despido.

Abandonaba todo lo que conocía para entrar en un terreno pantanoso, con un montón de referencias, cantidades y fechas, de un sector que no tenía ni la más remota idea.

Los amigos del curso me decían que llevaba una cara horrible.

Lo pasé mal, porque pasaba de saberlo todo… a no saber absolutamente nada. Dudé muchas veces en volver a llamar para mi readmisión.

Bajarme los pantalones y llorar. Aceptar lo que me dijeran.

No lo hice. Y ha sido la mejor decisión que he tomado en el mundo laboral hasta ahora.

Es normal tener miedo

Más aún cuando pasamos de controlarlo todo a no controlar nada. A sentir cómo nuestra seguridad se escapa de nuestras manos.

Y hay gente que se lanza a la piscina mucho más ágilmente que otros.

Que ve los cambios como un reto a superar, que lo necesita realmente.

Sin embargo, hay algo que nos une a los dos grupos: 

Elegimos crecer.

A un ritmo u otro, pero todos queremos seguir creciendo.

¿A qué cambios profesionales te has enfrentado tú a lo largo de tu vida? ¿Cómo los has afrontado? ¿Te has sentido ahogado en algún momento?

¿Te da miedo ese primer paso?

Comparte tu experiencia, y juntos miraremos cómo cambiarla.

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