Orden vs. Síndrome de diógenes

marie kondo y el arte de ordenar, descubre si está hecho para ti
Cuando empiezas a dudar si guardas las cosas… o almacenas como si tuvieras Síndrome de Diógenes

Por si no lo he dicho todavía, soy una devoradora de libros… De hecho, siempre he dicho que si algún día me compro casa… voy a crear ¡mi propia biblioteca! (que, por supuesto, será también mi despacho jejeje). Puede parecer un poco friki…

Sin embargo, siempre recuerdo con cariño la imagen de La Bella y La Bestia, cuando entra por primera vez allí. Y, aunque sea en versión reducida, ¡yo quiero la mía!

¿Por qué? Hay muchos autores que se esfuerzan en remarcar que hay que leer únicamente libros de autoayuda, o los enfocados a ramas de trabajo.

Yo, sinceramente, no puedo…

Quiero leerlos todos. Sí que puedo decirte que elijo un género u otro dependiendo de mi estado de ánimo… Pero no puedo descartar ni un solo género.

También debo decir que no leo todo lo que me gustaría… Y que lo hago por temporadas. De todas formas, cuando empiezo… soy incapaz de moverme de la silla, ¡incluso he tenido que ponerme alarmas si quiero hacer algo más! ¡Porque si no, iría página a página dejando correr el tiempo hasta el punto final!

Y es que ayer, por ejemplo, me leí en 4 horas La magia del orden, de Marie Kondo.

Mi idea original era dividir el libro en 3 partes, y pulirme una cada día, pero sin darme cuenta me lo he ventilado de una sentada.

¿Mi objetivo?

Ver por mí misma por qué es tan adorada. Si, realmente, su método de organización podía servirme, y, sobretodo, cuál era su secreto.

Además, como voy a lanzar mi curso gratuito para poder organizar tu armario… Podía ver si era cierto lo que pensaba de ella por lo que había leído a grandes rasgos en otras páginas web.

¡Casi me caigo del susto cuando vi que una de sus prácticas era como la mía! Aunque, debo decir, que nuestro enfoque es totalmente diferente 😛

De qué va La magia del orden

Para todo aquel que crea que su casa es un caos… es 100% recomendable.

Por si no lo sabes, Marie Kondo es una apasionada del orden, de ver qué es toooodo lo que tienes y, de lo que tienes… Qué te hace feliz.

A lo largo del libro, va narrando:

  • Sus inicios en este campo
  • La forma en que se obsesionó con modelos que no le funcionaban
  • Cómo casi colapsa antes de encontrar su método definitivo.

Además, no sólo cuenta su historia, mezclándola con distintas formas de organización. También narra situaciones con sus clientes (protegiendo siempre sus identidades), y te aseguro que, en más de una, vas a sentirte identificado.

Yo, por lo menos, lo he hecho. ¡Con la autora incluida, jaja!

Qué me ha servido

Desde pequeña, siempre que me gustaba una frase de un libro, la anotaba en una libreta. Sin saberlo, hace uno o dos años me dijo mi madre que su hermana hacía exactamente lo mismo. En los casos en los que leo libros de procedimientos… Si veo que me gustan demasiadas cosas (acabaría transcribiendo como si volviera al cole), así que en vez de eso, intento leer con más atención.

Y así, aplicarlo a mi vida real.

En el método KonMari, todo se divide por categorías, en vez de dónde dejamos las cosas…

Y, por otro lado, intenta facilitar el trabajo de eliminar y ordenar. Es decir, primero harás aquello con lo que tienes menos apego, y después, lo sentimental.

¿Por qué lo hace así?

En muchas ocasiones, parece que tenemos el Síndrome de Diógenes (yo incluida).

Vamos acumulando tarros, por no decir mierda, en cualquier sitio donde haya un hueco. Si no, dime:

  • ¿Quién no ha cogido las muestras de champú y gel para usarlo en casa o en otro viaje? Luego, o vuelve a haber, o te las olvidas en casa.
  • ¿O ha comprado una y otra vez pintalabios de distintas marcas pero con exaaaaaactamente el mismo color? Y, justamente, no lo metes en el bolso
  • ¿Quién no tiene más mecheros que paquetes de tabaco? Sin embargo, se te olvida en casa, o en el coche…
  • ¿Sabrías decirme quién no ha ido a la compra, ha comprado algo por si acaso no tenía, y…? ¡No es que tuviera ya, es que había más de uno sin abrir!

O, por poner algún ejemplo que incluso menciona ella también: las pilas, coleteros/gomas…

¿Quién no ha guardado en un cajón unas pilas que “se han gastado pero aún valen”? Y acabas teniendo más de 10 pilas medio viejas, con riesgo a que se salga el líquido de la pila.

O una goma que se ha dado de sí, esperando a ser usada. Y, cuando la usas… se rompe.

Nuestro instinto, nos mueve a guardar, a almacenar… “por si acaso”

Todos esos trastos inservibles, todos los por si acasos… Según el método KonMari, es necesario que sean eliminados. Porque:

  • Ocupan un espacio precioso
  • Los dejamos en cualquier rincón que se nos ocurre en ese momento
  • Acaban perdiéndose en el olvido
  • Si te olvidas, es que no te hacen feliz

Qué no me ha servido

Debo decir que la cultura japonesa es, desde mi punto de vista, fascinante. Tienen unos estándares muy arraigados sobre la ceremonia de las cosas. Y, por eso mismo, miran mucho el cómo te hacen sentir las cosas que te rodean, siendo tremendamente agradecidos.

A nosotros, los españoles, nos tachan de maleducados… Bien por no saludar a todo el mundo que te encuentras, o no pedir perdón a la mínima de cambio.

Por su cultura, el método KonMari basa la organización en la dicha por tener esas cosas, la felicidad que te producen.

Así que destierra aquello que no te hace feliz. Si no te hace feliz, lo acabas olvidando… Así que no tiene sentido para ella.

Para mí, el hecho de eliminar algunos “por si acaso”, es impensable. De hecho, me ha pasado varias veces con la ropa… y aún me cabreo.

¿Qué te pasó, Ana?

Tenía un body de encaje precioso, pero no se llevaba.

De hecho, hacía ¡años! que no se ponían de moda los bodies, así que ahí estaba, en el fondo de un armario. Muerto de risa.

Al final, en uno de mis ataques (un tanto neuróticos) tipo Mónica de Friends en modo limpieza, le dije a mi madre que lo donara, lo tirara, o hiciera lo que quisiera con él.

6 meses más tarde, ahí estaba. En todas las revistas, televisión…

Y como a mi madre le encanta la moda, me llamó inmediatamente:

Ana, ¿has visto…?

Dime –contesté, cortándola– que, como siempre, no me has hecho caso. Y lo has metido en el armario de las mantas.

(Exacto, en casa de mis padres, lo de los nórdicos no se lleva… De hecho, a mí me costó bastante dejar de sentir el peso de 3-4 mantas en invierno)

Para mi desgracia, esa vez me había hecho caso.

Ahora llevan de moda como 7 años.

Créeme, estoy segura que no lo habría podido llevar tanto porque:

  • Era cantoso (todo encaje, imagina)
  • Parecería que sólo tuviera eso
  • Seguro que lo habría dado de sí

Pero.Me.Jode.Enormemente.Haberlo.Tirado.Solo.Seis.Meses.Antes.

En el método KonMari indica que, si no lo usas ahora, seguramente no lo vas a usar en el futuro.

Por eso, no merece la pena tenerlo ocupando espacio. Si, más adelante, lo vas a usar, cómpralo entonces y asegúrate de usarlo.

Este aspecto, yo creo que depende un poco más de la personalidad de cada uno.

Yo me considero práctica, así que suelo comprar aquello que me resulta útil (si no, no tiene sentido para mí tenerlo).

También soy de la opinión que, si compro algo, lo uso, más que nada…

  • Me ha costado trabajo conseguir el dinero
  • Lo he comprado con una intención
  • Soy un poco (bastante) cabezota, y la intención va a seguir ahí aunque temporalmente desaparezca.

Yo no agradezco al objeto.

Agradezco mi esfuerzo para tenerlo, y por eso, cuido al objeto hasta que no pueda más.

Diferencia entre almacenaje y Síndrome de Diógenes

Por defecto, en mi actual profesión uno de los pilares clave es saber dónde está ubicada cada cosa.

En logística, si no encuentras tu material:

  • Vas a perder tiempo buscándolo, por lo que cada elemento tiene su sección, y estará rodeado de elementos de la misma familia.
  • Perder tiempo es perder dinero.
  • Si ha desaparecido, es una pérdida de dinero.

Es lo que llaman coste de oportunidad. Puede ocurrir alguna vez, pero como palmes pasta continuamente…

Háztelo mirar.

Puede que, temporalmente, se desubique… como, por ejemplo, cuando estamos haciendo algo y, de repente, tenemos que parar para hacer otra cosa (una visitas, salir de casa…).

Si, al volver, no lo re-ubicamos donde corresponde, cuando vayamos a por él no lo encontraremos.

Y, como en un almacén, pueden ocurrir las mismas cosas: pérdida de tiempo, comprarlo de nuevo.

Sin embargo, aquí… suelen reaparecer cuando menos te lo esperas.

Y, si acabamos duplicando demasiadas veces… Sufriremos el temido Síndrome de Diógenes, que es el acumule masivo de uno (o miles) de productos iguales.

Piensa en tu casa… Ahora, enumera 5 cosas que tengas iguales, o muy similares.

¿Sabes por qué las has comprado?

A mí, por ejemplo, me pasa con los vaqueros: tengo 4 pares de pitillos negros, y 5 de pitillos tejanos.

  • ¿Necesito todos? Realmente, no.
  • ¿Los uso todos? Sí, cuando veo que se me han anchado unos, hasta que ponga la lavadora y decida plancharlos.
  • ¿Son iguales? Prácticamente.
  • ¿Almaceno o tengo el síndrome de diógenes? Desde mi punto de vista, es almacenaje, porque: sé dónde están, y los uso.

Otro ejemplo serían las muestras de los champús.

  • ¿Necesito todas? No, porque en casa tengo botes grandes, y ahora en los hoteles/apartamentos suelen tener dosificadores.
  • ¿Las uso? No, están metidas en un neceser. Si me voy de viaje, llevo una dosis por día, pero vuelvo con más a casa…
  • ¿Son iguales? Sí, cambia la marca en función del hotel, pero el uso es el mismo.
  • ¿Almacenaje o síndrome de diógenes? Desde mi punto de vista… Síndrome de diógenes. Sin lugar a discusión.

¿Cómo decidir cómo organizar?

Siento decirte, que no hay un método definitivo.

No hay fórmula mágica, ni Mary Poppins al otro lado de tu puerta para ayudarte a llevarlo a cabo.

Por eso mismo, más que buscar y preguntarte cómo empezar a organizar… Debes preguntarte una cosa:

¿Por qué compras?

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