Cuando definen el mapa de ruta de tu vida

Tú no estás enamorada, de lo que estás enamorada es de la idea de estar enamorada de él. Tienes veintitantos, por lo que estás empezando a sentir la presión de tus padres, tus amigos, de los libros, las revistas, de nosotros… de mi. Te han hecho creer que la plenitud sólo se alcanza en los confines de una relación sentimental, pero cada vez que crees encontrar al hombre de oro, al final resulta que es el hombre de hojalata, cubierto de un atractivo brillante y promesas oxidadas. Pero no es culpa suya, sino tuya, por querer que sea lo primero y no lo segundo.
La única forma de encontrar la felicidad es siendo honesta contigo misma, deja de comparar tu situación personal con la de los demás, y empieza a mirar más allá. Al fin y al cabo, sólo hay una cosa más terrorífica que quedarte sola: quedar atrapada en una relación que se supone que es algo que jamás fue. Sal de ahí, todavía estás a tiempo.

La primera vez que leí esta frase, dije: ¡Guau! ¿Quién no ha tenido una relación en la que hace clic así?

Da igual que seas el que cortes o no. El primero se da cuenta dentro de la relación, el segundo… cuando supera la ruptura, o incluso cuando tiene una buena relación, mucho tiempo después.

Y es que hay un montón de paradigmas sobre lo que debemos y no debemos hacer en nuestra vida, siguiendo las reglas sociales no establecidas, pero inculcadas desde niños.

Tu vida está escrita

No soy de hablar del destino, porque me gusta pensar que mi destino lo decido yo, en vez de que me pase una cosa u otra independientemente de lo que haga.

Si eso fuera cierto, ¿por qué debería esforzarme? Hiciera lo que hiciese, acabaría llegando al mismo punto, ¿no?

Eso sí, si está escrito… tampoco quiero saberlo. Me gusta adivinar las incógnitas a mí, no que me las diga otro 😉

Sin embargo, aunque nuestra vida la hagamos nosotros… Sí que nuestros actos se ven influenciados por lo que nos repiten una y otra vez desde niños, al igual que lo hace lo que vemos de continuo.

El camino a seguir

¿Quién no ha aguantado la chapa de sus padres con el típico “Tienes que estudiar”? O si llevas tiempo saliendo con alguien, ¿cuándo os vais a casar?

Y dos días después de volver del viaje de novios: “¿Para cuando el primero?

A mi madre, cuando salió del hospital con mi hermano recién nacido, le dijo la matrona: “El año que viene nos volvemos a ver

Y es que, se normalizan los pasos que tienes que tener en tu vida, el orden para hacerlos, y cuándo llevarlos a cabo.

Estudiar

A este respecto, no puedo hablar mucho porque estoy más que de acuerdo en que hay que estudiar… Puede gustarte más o menos, porque ¿A quién le gusta estudiar sólo por estudiar?

Yo creo que a nadie… Puedes querer aprender más de un tema por afición, pero no porque te obliguen para darte un título, dándoles completamente igual que te interese o no.

Sin embargo, llegado el momento de buscar trabajo… Por mucho que haya puestos de trabajo para los que estudian como para los que no, el sueldo es diferente, la capacidad de reacción de las personas ante distintas situaciones… Y la forma de ejecutar.

Yo, por ejemplo, he visto a dos jefes de almacén, uno con título y otro con experiencia, en dos sectores diferentes: construcción y electrónica.

  • Electrónica tenía primero un grado superior en informática, luego se sacó el grado.
  • Construcción, sin título, pero con experiencia en montajes industriales.

Ante los distintos problemas tanto con el stock, operaciones con el ordenador, reconocimiento del producto… era mucho más resolutivo el de electrónica que el de construcción, y eso que el segundo conocía muy bien el producto porque lo había usado antes incluso en montajes.

Si, por ponerlos en el mismo campo de trabajo, comparamos al de construcción conmigo, que es mi jefe de almacén. Él podrá enseñar el producto y dar respuesta a aplicaciones, pero que yo localizo antes la combinación del producto, el montaje para el pedido, y el material en almacén… 

No es porque yo sea más lista, es porque estudiando uno aprende a buscarse la vida y mantener la cabeza totalmente activa.

Encontrar un trabajo estable

Define, por un momento, trabajo estable.

Piénsalo, ¿de qué sitio no te pueden echar? ¿De una oposición aprobada? Ok, estudia para funcionario. Yo iré cotizando mientras tanto.

Cuando empecé a trabajar era 2010, y ahí… el mercado de trabajo no era estable. Ni siquiera lo es ahora, nueve años más tarde… En 2014, cuando fui a cambiar de trabajo, respondí en una entrevista que quería un trabajo estable.

Me miraron con cara de circunstancia, diciéndome que era un puesto de obra y servicio. En uno de mis puestos de trabajo había cambiado 3 veces de jefe de equipo en 6 meses. Para mí estabilidad a 3 años era más que suficiente.

Si eres el último en entrar, puedes ser el primero al que despiden porque eres el que menos cobra y que menos indemnización te vas a llevar.

Sin embargo, si estás en un puesto de trabajo estancado, y tu producción se resiente por eso mismo, pueden echarte por poca productividad y que, encima, no te corresponda finiquito ni paro.

La estabilidad consiste en hacer bien tu trabajo, y por lo menos conseguir que las horas pasen rápido. Si haces bien tu trabajo, menos posibilidades de que te despidan, y si llegan a hacerlo, seguro que podrás solicitar recomendaciones para futuros empleos.

Tener pareja estable y/o casarse

Cada vez la gente se casa más tarde, porque estudia durante más tiempo, tarda más en encontrar un trabajo… y pocos quieren casarse sin ser capaces de mantenerse.

No busques pareja, aparece donde menos te lo encuentas.

Y, como dice mi abuela:

Si no puedes en la primera… ya entrarás en la siguiente ronda

Comprar casa

Como hemos hablado otras veces, el fundamentalismo de comprar casa en España está arraigado desde hace más de 20 años, por no decir 50.

A diferencia de otros países, y otras culturas, que pueden tener menos apego a su tierra… nosotros tenemos ese síntoma de permanencia. Por dios, si yo no me quise empadronar en Zaragoza hasta hace 4 años, y lo tuve que hacer por si tenía una baja médica ¡no tener que ir a mi pueblo a por la baja!

Tener algo tuyo, de tu propiedad, y que es fijo, inamovible… es lo que más mueve a un español a comprar casa.

Sin embargo, los tiempos están cambiando: hacen los pisos más pequeños, reducen las habitaciones porque hay menos hijos…

Y no todo el mundo queda establecido en una ciudad concreta como para decir: voy a comprarme casa porque de aquí no me muevo ya.

Formar una familia

Si vamos retrasando todos los aspectos anteriores… cuando llegamos a este punto, tenemos que empezar a correr.

No es lo mismo tener un crío a los 30 que a los 25. Si te pones a partir de los 33 o 35… las posibilidades se reducen más. Y como está tan formalizado socialmente el formar una familia, se esté casado o no… Empieza a correr el reloj biológico llegada una edad.

No sólo eso… los tiempos también cambian. De hecho, hay muchas mujeres jóvenes que no quieren perder su independencia, no quieren atarse como han visto a antepasados, no quieren que las cataloguen como madres y nada más… Porque sienten que las siguen catalogando.

¿Qué pasa si no quieres nada de eso?

Como dice en la frase que encabeza este artículo, muchas veces pensamos que queremos algo, incluso lo creemos con todas nuestras fuerzas… que nos encadenamos a una vida que no nos hace realmente felices.

Podemos echarle la culpa a la gente que nos rodea, a las normas no escritas, a los convencionalismos, a no querer salirnos de esa “normalidad” establecida…

¿Qué pasa si, al hacerlo, estamos cavando nuestra propia tumba? ¿Qué ocurre si, por circunstancias, no disfrutamos de lo que tenemos en cada momento?

Hace años conocí a un chico, y la segunda vez que nos vimos, tomando algo fuera del mundo de la noche, me dijo, con un tono casi hasta despectivo, que era extraño que una chica normal como yo estuviera soltera.

No volví a quedar con él.

¿Por qué no podía estarlo? ¿Es que era una joyita con tara por estar soltera? ¿No podía ser que, por no estar con gente como él… prefiriera estar sola? ¿Me comparaba? ¿Con quién? ¿Y por qué?

Mi vena rebelde sale en esas situaciones, el alma inconformista y que me exige a mí misma ser imperfecta, jodidamente rara… Diferente.

Por eso, y si has leído hasta aquí… Esto te interesa

Seis cosas a las que decir NO

Donde abunda la normalidad, lo diferente destaca. Para bien, o para mal. Y va a haber gente que te mire confuso, porque no entra en el cuadro de lo establecido, no lo reconoce… y le cuesta asimilarlo como posible.

Ahora bien, ¿por qué conformarte con la normalidad… cuando puedes tener lo extraordinario?

Equipaje de otros

Todos, y repito, tooooodos, tenemos nuestro propio equipaje. Por eso se dice: “Si es que es de su padre y de su madre

Nuestras experiencias pasadas, en la mayoría de los casos, condicionan la forma en que nos movemos en el presente, y las decisiones que tomamos en el futuro. Además, por temor a que se repitan, muchas veces preferimos cerrarnos en nosotros mismos y no compartirlo.

Hay situaciones en las que merece la pena bajarse de la burra, siempre y cuando no comprometa tus principios fundamentales, y me refiero a principios con poder dormir con la mente en paz.

Dialoga, negocia si es necesario, pero no te agarres a un clavo ardiendo si eso te hace completamente infeliz.

Situaciones que sabes que te harán enfadar

Respecto a este tema, es aplicable a todo, aunque lo voy a poner con un ejemplo.

Por intentar agradar a los demás, y seguir la corriente, decir que sí a un restaurante en el que has comido fatal, pero por no hacer que no vaya una persona (que normalmente es a la que siempre se le hace caso para que vaya…)

Luego, llegáis al restaurante, pedís, y volvéis a comer igual de mal que en anteriores ocasiones. ¿No te entran ganas de decir “Te lo dije”? ¿Dijiste algo? ¿Ofreciste alternativas? ¿O te enfadas y no respiras como los niños chicos?

Un trabajo que odias por encima de todo

Cada vez salen más blogs de reinvención, de emprendimiento… enfocados a personas que trabajan por cuenta ajena, para mostrarles que, comprando su curso, pueden conseguir el trabajo de sus sueños.

Se dejan muchas cosas sin explicar por el camino:

  • No hay horario que valga
  • Las vacaciones dependen del dinero que ingreses y el trabajo que tengas
  • Quebraderos de cabeza por temas que desconoces
  • Un largo etcétera…

Y el más importante, NO ES UN PROCESO RÁPIDO

Si odias tu trabajo, no tienes por qué emprender. Puedes buscar otro trabajo que te guste más, bien por comodidad, por sueldo, por horarios, por relación con los compañeros…

Hay mil temas a debatir para acceder a un puesto u otro, pero odiar un trabajo por encima de todo no tiene por qué ser por el trabajo en sí. Puede ser por tu jefe, por las horas que metes, por tener que viajar más que Willy Fog… 

Analiza qué es lo que odias, y cámbialo.

Hábitos no saludables… que sientan de vicio

Comer por gula, fumar, beber, comprar compulsivamente… 

Durante un pequeño lapso de tiempo, sentimos esa sensación de felicidad, incluso gozo por darnos el gusto. Pero, pasada la emoción inicial… volvemos a sentir esa necesidad por repetirlo.

¡Admitámoslo! No es sano

Relaciones tóxicas

Por mucho que nos pese, y por más que queramos a una persona, siempre y cuando nos haga más mal que bien… no es bueno continuar con esa relación.

Esto es aplicable no sólo a relaciones de pareja. Hay relaciones laborales tóxicas, en las que tú das por el compañero y no recibes nada a cambio, incluso algún desprecio que otro. Relaciones con amigos, en las que tú estás en lo bueno y en lo malo, pero la otra persona desaparece cuando no hay jauja.

Esa sensación de desazón, aislamiento, despecho, desilusión… por mucho que te indiquen otros que qué buena persona, que qué suerte la tuya por tenerla en tu vida, cuán afortunado eres por ser de su círculo cercano…

¿Qué prefieres? ¿La opinión de los demás… o la sensación que se te pega en el pecho como una daga helada?

Quedarte en el pasado

Negarte a avanzar.

¿Cuántas veces hemos preferido no hacer nada para que la situación no cambie? Y da igual que no sea una buena situación, que incluso nos haga daño, que acabemos regodeándonos en nuestra propia miseria.

Lo conocemos, lo asumimos, nos resignamos.

Si lo que queremos es construir nuestra propia vida, y ser los que toman la sartén por el mango… Tenemos que ser capaces de no quedarnos en el pasado por el qué dirán los demás si doy un paso al frente, si hago un cambio para mejor…

Puede que nos equivoquemos, que fallemos y caigamos… Tenemos que ser conscientes de que somos capaces de levantarnos, ya sea solos, o cogiendo la mano de los que nos rodean y nos apoyan.

Porque… ¿Tú? ¿Te basas más en las opiniones de los demás para tomar las tuyas propias? ¿O te da absolutamente igual ser diferente? ¿Ser… auténtico?

¿Sigues tu propio destino? ¿O el camino socialmente establecido como correcto, y respetando los tiempos?

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