Por qué debes empezar a escuchar tu cuerpo

Siempre nos han dicho que debemos cuidarnos físicamente. Hacer ejercicio, estar en movimiento… Sin embargo, ¿qué pasa cuando no tenemos tiempo, energía, o incluso fuerzas… para hacer deporte?

¿Qué ocurre cuando comemos lo primero que pillamos?

¿Si no dormimos de continuo?

¿Qué pasa si nuestro cerebro da señales contradictorias a lo que debemos hacer, impidiéndolo?

Tristeza.

Fatiga.

Apatía.

Descuidamos nuestro cuerpo por culpa de nuestro cerebro, convirtiéndonos en una seta, plantada sin ton ni son allá donde vamos, incapaces de hacer nada con ella misma.

Salud mental: La cabeza… va primero

Con el paso del tiempo, vamos cogiendo rutinas de lo que hacemos todos los días, desde levantarse, ir a trabajar, hacer la compra, ver la tele, dormir y vuelta a empezar.

Aunque vivimos acelerados, y nuestra vida se somete a una vorágine… Nuestro cerebro se apalanca.

¿No te ha pasado alguna vez que has salido del trabajo con la cabeza atontada… pero cuando te das cuenta ya has llegado a casa?

Incluso el camino en coche, donde tenemos que estar 100% concentrados, lo hacemos con inercia.

El problema de las rutinas

Comemos a la misma hora. Vamos a trabajar por el mismo camino. En el trabajo, las actividades son las mismas aunque sean con otros clientes. Quedamos con las mismas personas en nuestro tiempo libre. Las conversaciones son de los mismos temas.

Se trata del confort, ¿no? ¿No dicen que es bueno? ¿La seguridad que ansía todo el mundo? ¿La calma de lo predecible?

¿Por qué, entonces, nos sentimos tan jodidamente raros porque no nos sentimos contentos del todo?

No es que seamos más raros que un perro verde.

El problema reside en que, de hacer lo mismo, siempre, sin cambiar absolutamente nada… uno se cansa. Porque empezamos a actuar como máquinas programadas.

Estimula

Es fácil apalancarnos en una rutina. Más aún, si es bueno para nosotros. 

La ruta es confortable, sabemos qué va después de cada cosa, pero nuestra mente… a veces necesita algo más.

Hace un par de años, fue este apalancamiento lo que destruyó la relación de unos amigos nuestros. Mientras que uno sufría el apalancamiento como algo positivo, al otro se lo llevaban los demonios el no hacer más actividades juntos.

¿Alguna vez has querido quedarte más horas en el trabajo por no ir a casa y no hacer nada? ¿O has salido a la calle a dar vueltas sin ton ni son para que no se te eche la casa encima?

Si tu respuesta es sí, deberías mirar actividades que estimulen tu mente y tu cuerpo. Manualidades, un libro, apuntarte a alguna clase…

Algo con lo que puedas disfrutar, ¡y no tiene por qué ser entre semana! Puedes aprovechar los fines de semana para ir a hacer una excursión, ir a una clase de cocina, hacer una comida en casa y proponer una guerra individual…

En la rutina, el factor sorpresa es vital.

Focaliza

El Mindfulness está de moda. Se trata de una práctica donde simplemente te centras en el momento presente, en el ahora. Toma muchas formas, y hay varias vías para practicarla, pero no solemos centrarla en nuestra propia vida.

Yo, por ejemplo, sólo la he usado como vía de escape cuando mi cabeza iba a estallar. Cuando no podía dejar de pensar, de darle vueltas a la misma cosa una y otra vez.

Para dejar de hacerlo, para liberarla, y obligarla a descansar, cogía las tareas más mecánicas del mundo: cocinar, o hacer cruceta.

Si estás apalancado, ves que no puedes salir de una situación, y no dejas de pensar en lo mismo una y otra vez… se convierte en algo obsesivo. Compulsivo

Recurrir a cualquier actividad que requiera un mínimo de concentración, y que te exija prestar atención a lo que haces, tenga o no que ver con tu problema… Te desconecta, y actúa como el Mindfulness.

Descansa, recupera

Confundimos el descanso con no hacer nada. Sin embargo, la realidad es que descansar es relajar una parte de nuestro cuerpo.

¿Qué pasa con el cerebro? ¡Si nunca para! No, porque no se lo permitimos.

Sin embargo, puedes relajarlo. 

¿Cómo? Un baño caliente (no es necesario un baño con sales y pompas de jabón, puedes sentarte en la ducha y que te caiga agua caliente en la nuca durante unos minutos), meditación, distraerlo con un libro, un ejercicio de respiración… 

No se trata de que el cerebro deje de hacer algo, sino que se trata de que deje de hacer lo que normalmente hace. Si no lo hacemos, empiezan los nervios, las vueltas de tuerca, las repeticiones…

Nervios

Responde a estas preguntas: 

  • ¿Te cuesta conciliar el sueño? 
  • ¿Tienes ganas de comer sin hambre? 
  • ¿Necesitas masticar sólo por el hecho de llevar algo en la boca? 
  • ¿Muerdes los bolis como si te fuera la vida en ello? 
  • ¿Te dedicas a comerte las uñas y los famosos padrastros hasta ensangrentarte los dedos?

Insomnio.

Gula. 

Ganas de vomitar.

Dolor de cabeza.

Taquicardias.

Tics bajo los ojos.

Falta de aire. Te cuesta respirar. 

Palpitaciones.

Subidas/bajadas de tensión rápidas…

Son algunos signos de estrés, tensión acumulada y, si es con carácter continuo…

Ansiedad

Nuestro cuerpo recuerda. ¿Nunca te has preguntado por qué las agujetas salen a las horas, o incluso al día siguiente de haberte machacado a hacer ejercicio?

Yo, como cuando me da por pensar en el coche, pienso cosas rarísimas… Sí.

Es lo mismo que cuando te dicen: la resaca se cura con una cerveza.

Si no te lo han dicho, es que no tienes amigos destalentaos como los míos jajajaja. Sin embargo, si cuando el cuerpo empieza a quejarse de los excesos, vuelves a ellos, confundiéndolo, se pone alerta. En funcionamiento.

Al día siguiente puede que sea peor, pero en el momento en que lo pones a prueba… el cuerpo responde.

La ansiedad actúa como una bomba de relojería. Acumula micro ataques al cerebro, a la paz mental… Te avisa con el hambre insaciable, las noches en vela, pequeñas taquicardias… pero, si no le haces caso, acaba estallando.

Puntos a tener en cuenta para combatir la ansiedad

Para poder combatir la ansiedad, necesitamos saber de dónde proviene.

Si es por algo que nos preocupa, si se trata de un momento puntual, si lleva demasiado tiempo y no hemos hecho nada para cambiarlo, si es porque nos hemos saboteado a nosotros mismos, si depende de otras personas, de ti mismo…

¿De dónde viene?

Puedo controlarlo vs. está fuera de mi control

Coge un papel en blanco y haz dos columnas. En la primera, anota lo que puedes controlar, y en la segunda, lo que está fuera de tu control. 

Separa todo lo que te preocupa, céntrate en hacer un plan sólo en lo que puedes controlar.

Viene de fuera

Tu ansiedad actúa sin juzgarte. Le da absolutamente igual cómo te sientes por su culpa, o lo que pienses de ella.

Viene para quedarse, meterse en tu cabeza como un parásito, sin importarle que te des cuenta o no. Eres tú el que tiene que querer echarla, le guste a los demás o no que lo hagas.

Porque esto, te afecta a ti y solo a ti.

Eres humano

Y aquí, viene el problema de los superhéroes, la gente-para-todo. Da igual que sea para abrir una cuenta de valores que para coser un botón en una chaqueta.

Reconócelo, ¡eres humano! Empieza a mandar a la mierda a la gente que intenta convencerte que tu “no puedo” es un “no quiero”. 

Tienes límites, y sólo los conoces tú. No dejes que te machaquen y te carguen a la espalda más tareas de las que puedes llevar a cabo, por tiempo o por habilidades. ¿Por qué no lo hacen ellos?

Aplicaciones modo OFF

Cuando tienes un cuadro marcado de ansiedad, lo mejor que puedes hacer por ti mismo es olvidarte de las aplicaciones y redes sociales por un tiempo. 

Principalmente, porque ahí aparece el famoso mundo de las comparaciones, y en este caso… las comparaciones son odiosas.

Si las quieres utilizar para desconectar y ver algún vídeo gracioso, puedes hacerlo, pero por tiempo limitado.

Pon una alarma de 15 minutos, no pierdas ni un minuto más en esa realidad paralela.

Respira

Uno de los primeros síntomas en un ataque de ansiedad es la sensación de no poder llevar aire a tus pulmones.

Empiezas a boquear, como un pez fuera del agua, sin que atraviese la tráquea hasta llegar a los bronquiolos. Algunos, incluso se desmayan.

Yo lo he sufrido dos veces, y la única manera de paliarlo es:

  • Ponerte en cuclillas
  • Mirar a un punto fijo
  • Inspirar – contando hasta tres
  • Contar hasta tres
  • Expirar – contando hasta tres
  • Contar, de nuevo, hasta tres antes de volver a inspirar.

Y así, hasta que te calmes. El cuerpo es más lento que el cerebro, reacciona tarde a lo que le ordenas. Tienes que darle su espacio en vez de agobiarte porque no puedes respirar a un ritmo normal. O lo que tu cerebro entiende como normal.

Es más que necesario que, si estás teniendo un estrés continuo, o una situación que te lleve de cabeza… que practiques ejercicios de respiración.

No es necesario que medites, o intentes dejar la mente en blanco. Sólo forzarte a respirar más despacio, obligar a que tu corazón baje las pulsaciones únicamente por el hecho de reducir el oxígeno que llega a tus pulmones.

Si te da un ataque, va a ser mucho más fácil que salgas de ahí por tus propios medios.

Cafeína vs. Agua

La cafeína/teína y ansiedad no se llevan bien… 

De hecho, las taquicardias suelen incrementarse por la subida de tensión que genera las primeras horas nada más ingerir esa sustancia. Toma productos sin cafeína, y bebe mucha agua, hidrata tanto tu cuerpo como tu cabeza. 

Actúa como si estuvieras de resaca.

Paciencia

Vivir en el mundo de lo inmediato tiene sus ventajas y sus inconvenientes.

La ansiedad, y querer volver a la normalidad, es un inconveniente si tienes necesidad de hacerlo para ayer. 

Ten paciencia contigo mismo, estás haciendo todo lo que puedes… Da igual que mañana sea mejor o peor. 

Saldrá el sol, lo pasarás, y al día siguiente volverá a salir.

¿Cómo escuchas tú a tu cuerpo? ¿Y qué haces para darle respuesta? ¿Cómo luchas contra la ansiedad del día a día?

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