Tres errores que cometes por ser complaciente

Estamos a finales de febrero, y voy a hacer la pregunta del millón:

¿Qué tal van tus objetivos de año nuevo? ¿Los has empezado? ¿Has desistido? ¿Ya he hecho que te enfades contigo mismo?

No quiero eso, para nada.

Ahora, déjame hacerte una segunda pregunta… ¿Qué intención tenías cuando los planteaste a final de año?

Definimos INTENCIÓN como la idea de comenzar a cambiar, a moverte.

Pero como las ideas se las lleva el viento, como las palabras… debemos fundamentar nuestras intenciones en:

  • Decisiones, para llevarlas a cabo
  • Compromiso, para no desistir a la primera de cambio
  • Acción, o ejecución

¿Qué ocurre cuando quieres complacer a todo el mundo?

Por mucho que te fijes objetivos, que quieras realmente cumplirlos… Si quieres agradar a los demás, y no los han elegido ellos… Vas a fracasar.

¿Por qué?

Tus decisiones no van a ser claras

Acabas entrando en un conflicto de intereses, de lo que quieres hacer tú, y lo que los demás quieren que hagas. Como también quieres complacerles, antepondrás sus necesidades a las tuyas, y harás caso a sus decisiones. No a las tuyas.

Nunca vas a contentar a todo el mundo

Por mucho que lo intentes, si no tomas decisiones por y para ti, siempre va a haber alguien en desacuerdo.

Te van a sacar puntilla a todo lo que hagas, y si no estás convencido del todo porque no eres tú el que valora el resultado final… ¿Cómo vas a saber si tiene razón o no? ¿Cómo le quitarías la razón cuando no sabes a quién le estás haciendo caso?

Para complacer al resto, vas a tomar decisiones que no tienen nada que ver con tu idea original

Aquí, voy a poner un ejemplo para explicarme. Imagina que vas de compras con tu madre, el ojo crítico que sólo te dirá lo que te “sienta bien”.

Has visto unos pantalones que te encantan, último hit, con rotos en las rodillas y desgastados. Te los llevas a probadores con una sonrisa en la cara de oreja a oreja. Allí está tu madre, haciendo fila.

Los ve, te mira a los ojos muy seria, y suelta el comentario, como si fuera el torero y tú el toro que va a sufrir la estocada mortal: “¿Estás seguro que te gustan esos? Si parece que los has cogido de la basura porque los ha tirado alguien…

Por orgullo, te los pruebas, con el ojo acusador, mano en la barbilla mientras se muerde la uña. Ya no dice nada, pero con la mirada lo dice todo.

Los dejas al salir, sin plantearte comprarlos siquiera. ¿A quién has complacido? ¿A ti? ¿O a tu madre?

Y este… es un ejemplo fácil. Imagina lo que pueden llegar a hacer los comentarios de otros en tus decisiones.

Cambiarás en el proceso, por recibir comentarios respecto a lo que haces

Dejas de centrarte en el camino y, por descontado, en la meta.

Al igual que antes ponía un ejemplo con la ropa, ahora voy a poner un ejemplo con la casa. Más que nada, porque últimamente me he cabreado bastante con el mundo por cómo juzgan a los demás por hacerlo diferente a como lo han hecho los primeros.

Hace un par de años o tres, uno de mi cuadrilla se compró casa, y desde entonces, a la mínima que alguien dice que se va a vivir con el novio, o que se van a hacer casa, suelta los típicos comentarios de:

  • ¿Pero compras o alquilas?
  • Uy, ya verás, ¡la hipoteca une más que el matrimonio!
  • ¿Y la vais a coger juntos? ¿Cómo no lo hacéis uno y ya está?

Y alguna pregunta más, pero no quiero encabronarme jajajaja.

Yo ahora pienso, ¿pero qué cojones le importa? Sí, eres funcionario, tienes sueldo fijo de por vida. Me parece estupendo que hayas querido comprarte casa, que lo hayas querido solo para ti y sin ayuda de tu pareja.

¿Por qué lo tiene que hacer todo el mundo como tú? ¿Qué sabes tú de la situación de cada uno?

A mí, por ejemplo, me han llegado a preguntar que por qué no me he ido a vivir con Enrique todavía. ¿Y si yo prefiero empezar a hacer vida juntos después de casarnos? ¿Qué pasa si lo quiere él? ¿Y si sabemos nosotros que nuestros padres lo llevarán mejor y, por respetarlo, esperamos?

¿Desde cuando ser complaciente es… bajarse el pantalón?

Siempre va a haber diversidad de opiniones.

Están los que no quieren que nada cambie, también los hay innovadores, los que no pueden parar y tienen el culo inquieto… Y todos harían algo distinto a los demás.

Aquí entramos en la diatriba de:

  • No bajarse de la burra
  • Bajarse el pantalón

Si haces lo primero, es que eres un cabezota que no da su brazo a torcer jamás. Si, por el contrario, haces lo segundo, eres un calzonazos/bragazas.

Debe haber un equilibrio, y que no te haga perder la cabeza o sumirte en la tristeza por hacer una cosa u otra.

Siempre habrá quien critique lo que hagas. Igual que siempre habrá alguien que te apoye. Aprende a diferenciar el ruido de los que critican sin sentido, sólo porque ellos no se ven capaces, o tienen miedo porque sea diferente y sea bueno… frente a los que te apoyan porque creen en ti.

No se trata de construir castillos en el aire, se trata de fundamentar bien tus decisiones, y que sean acordes a tus principios. Porque intentar complacer a todo el mundo es:

  • Regalar nuestra energía para obtener la aprobación de cualquiera que nos la dé

¿Quieres convertirte en chico veleta? ¿En ir dando vueltas de un lado para otro esperando que te den las gracias? ¿Sirviendo a los deseos de los demás y no llegando a los tuyos propios?

  • Nos aseguramos de que nunca tendremos que enfrentar la incomodidad de tener deseos, o sueños, incluso preferencias… y actuar sobre ellos, por el qué dirán

¿Te gustaría una vida vacía? ¿Una vida donde todo lo que hagas sea en base a lo que quieran otros? ¿No soñar? ¿No imaginar lo que puedes llegar a hacer por ti mismo? ¿Lo que te gustaría hacer?

  • Acabamos estando bien, aunque profundamente infelices. Fracasados.

La felicidad es efímera, aunque nuestra vida se basa en momentos consecutivos de alegría, gozo, que hacen que nuestra sangre siga caliente. Este punto lo veo como veo a Leonard Hoffstader, de The Big Bang Theory.

Es una persona sumamente complaciente, quizás por los desórdenes psicológicos que su propia madre le ha causado a base de estudiarlo y comentar su propia vida y sus avances como persona.

Lo único que quiere es que todo el mundo esté contento, incluso aunque eso suponga que se maree en el cine viendo una película en 3D, o rayándose porque si le dice a su mujer que quiere hacer algo y ella también quiere hacerlo, su mujer pensará que le ha dicho eso porque quiere complacerla en vez de porque le apetece, entonces debería decirle de hacer algo que ella no quiera hacer aunque a él tampoco le apetezca.

Vamos, ¡lo que es un quebradero de cabeza de tres pares de narices!

Complacer porque te importa el otro, es una decisión y te da felicidad. Basar tu vida en agradar a los demás para que te den una palmadita en la espalda… No.

¿Te ha pasado a ti alguna vez? ¿Lo haces por inercia? ¿O eres igualitario entre lo que quieres tú y quieren los demás que te rodean y te importan?

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