La verdadera emoción de las luces de Navidad

La forma en que se toman la Navidad los niños… es como deberíamos intentar tomarnos la vida los adultos.

Con el paso de los años, vamos frivolizando las celebraciones, las fechas señaladas… Y cualquier cosa que se salga de nuestra rutina.

Yo, este año, he decidido intentar cambiarlo.

Aunque el Otoño es mi estación favorita, porque deja de hacer el calor insanamente seco y bochornoso de Zaragoza, todo se llena de hojas amarillas, y aún no ha aparecido el cierzo… El Invierno es la segunda.

Me gusta sentir la ilusión cuando encienden las luces de navidad, pasear por la calle y comprarme unas castañas calentitas, ir a tomarme un café a la chocolatería más famosa de Zaragoza (no me gusta el chocolate ni los churros, ¡pero a dos amigas mías le encantan!)…

Es época de cenas con amigos, películas porque hace un frío del carajo, gorros, bufandas, guantes (sí, me encantan los accesorios), una postal casera inesperada en el buzón (Mirian, el año pasado la eché en falta, ¡que me has malacostumbrado!)…

Y sonreír.

No, no me he vuelto loca. Ni tampoco soy una idealista nata. De hecho, me considero bastante cínica. 

Peeeeeeeeeero me gusta ser feliz, y quiero mostrate mis mejores hábitos, para que compartas conmigo esta preciosa estación.

Hidrata tu piel todos los días

Puede parecerte absurdo que haya que hidratar la piel para ser más feliz. Bueno, no lo es.

Sin embargo, el frío invernal tiene un componente muy agresivo contra la piel (más aún si vives ¡en Zaragoza!), que provoca tanto rojeces, picores, y alergias espontáneas.

A mí misma me han salido sarpullidos por no llevar la piel protegida del sol, que es hasta más dañino porque no nos protegemos tanto como en verano (fíjate en lo morenos que se ponen los esquiadores), y por el aire frío. Igual que se me han abierto nudillos y labios, zonas mucho más sensibles en esta época del año.

Olvídate de esa preocupación cuando sólo te ocupa un par de minutos diarios.

Agradece

Hace años, estuve estudiando en Irlanda una temporada. Cuando volví no hacía más que decir “Sorry” y “Thank you”. Por inercia.

No era por educación, ni porque lo sintiera. Era por inercia porque allí lo dice todo Dios por exactamente lo mismo: costumbre.

Sin embargo, con el paso de los años me he dado cuenta que a mí me gusta que me lo digan, aun cuando sea por la más mínima tontería. Cuesta muy poco decirlo, y cuando haces algo bueno, por tonto que sea… Se agradece que te den las gracias.

De hecho, a los niños pequeños siempre les dicen: ¿Qué se diceeeeeee?

Y yo me pregunto: ¿Por qué dejamos de hacerlo los adultos?

Pide ayuda cuando la necesites

Por mucho que intentamos ser superpersonas, necesitamos ayuda.

Aunque sólo sea hablar las cosas, y salgamos de todo por nosotros mismos. El sólo hecho de compartir tus pensamientos, tanto en los buenos como en los malos momentos, es liberador.

No seas el típico: Consejos vendo, y para mí no tengo…

Di “No”, aunque sólo sea por practicar

Igual que es bueno pedir ayuda, es mejor aún tener facilidad para decir no. Basta. Hasta aquí hemos llegado.

Por principios, por tiempo, por dinero… Somos personas, no podemos llegar a todo. O nos abrumaremos. Y, si no queremos pedir ayuda… acabaremos ahogándonos.

Mírate en el espejo y di algo amable sobre ti

Con el único que vas a convivir hasta que mueras… es contigo mismo. ¿Qué menos que regalarte unas palabras bonitas?

Deja la fusta aparcada, mírate al espejo, y di algo bueno de ti mismo. Agradece lo que has hecho en el día, lo que ha salido bien. ¡Aunque sea haber llegado justo a tiempo para comprar la cena de hoy!

Si no eres bueno contigo mismo, si no confías en ti… ¿Por qué lo iban a hacer los demás?

Cuando tengas una idea… Escríbela

Las mejores ideas aparecen donde menos te lo esperas. Y en los momentos más insospechados.

Hace unos meses, por ejemplo, leí un artículo sobre la Siberia extremeña. Apunté en la agenda ese sitio porque quiero ir antes de que lo masifiquen, porque es un paraje precioso.

A veces lo hago con libros, o citas de libros que he leído. Porque su enfoque entra en mi cabeza y, tiempo más tarde, se adecua a una idea que me va surgiendo en la cabeza.

Lee al menos un libro al mes

Muchos dicen que leer ha quedado obsoleto, que la gente de hoy en día… ya no lee. No lo veo así.

Rara es la vez que en vacaciones no ves a alguien en la playa o la piscina con un libro. En el metro, tren, autobús… A los que les gusta leer, leen. Ya sea un género específico o cualquiera (mea culpa).

De hecho, y para que te hagas a la idea aunque esto no te interese demasiado porque no va a cuento… Google SEO puntúa más los artículos (como este) con más de 600 palabras para que aparezcan en los buscadores. O, lo que es lo mismo, hay personas que se centran en escribir más para que, si alguien hace una búsqueda en Internet, su página web salga antes que las del resto.

A mí, personalmente, debo decir que no me afecta, porque me enrollo más que un pergamino viejo, y eso es un defecto de fábrica… Sin embargo, que se premie una lectura extensa es precisamente porque la gente lee.

Lee de lo que te interese, pero lee. Porque vas a aprender aunque sea una novela romántica, de autoayuda, policíaca, histórica… Siempre tiene un concepto que, pasado un tiempo, va saliendo a flote.

Tira de una vez tus “Por si acaso…”

Soy la primera a la que le cuesta hacerlo. Esta mañana mismo me había levantado con la idea de tirar unas botas estilo biker y, cuando he cogido la caja, he empezado a flojear.

Pero míralas, si están nuevas

Igual se vuelven a poner de moda

Para tirar esas tira otras que tienes peores


Llevan dos años en esa caja y no me las pongo porque no pegan nada con mi estilo. Y sé que, a no ser que venga la mundial, no me las voy a poner. Se pongan de moda o no (más que nada, porque el año pasado estaban de moda y no las saqué de la caja).

Así que he hecho de tripas corazón y las he tirado. Ole, ole y oleeeee.

A ver si así me viene el nervio en vena y ¡¡hago una limpieza más grande!!

Evita las interrupciones

¿Has oído hablar del síndrome “Oh, una pelusilla”?

Si haces algo, concéntrate en ese algo. No esperes una llamada, o cualquier excusa mala para que te interrumpa.

¿Un Whatsapp? Ya lo leerás.

¿Llamada de teléfono? La devolverás

¿Un correo? Seguirá estando ahí cuando acabes.

La mejor forma de focalizar es evitar esas interrupciones constantes que nos roban minuto a minuto, como hormigas, todo el tiempo del mundo. Para hacer las cosas bien se requiere tiempo, y el tiempo se tiene… cuando no se interrumpe.

Lo digo porque a mí me pasa, sobre todo con el sueño. Duermo una media de 6-7 horas diarias, y 8 los fines de semana. Tengo un sueño profundo, de esos que puedes dar palmas al lado de mi oreja y no me despertaré. Si me molesta, igual te vuela algún guantazo, pero no será a idea. Eso sí, si abro el ojo y he dormido más de 4 horas… ya no vuelvo a dormirme. Hasta la noche siguiente.

¿Imaginas que te pasa a ti con lo que tienes que hacer día sí, día también?

Elimina el drama de tu vida

Deja de quejarte.

No vas a arreglar nada sólo quejándote. Para cambiar las cosas, tienes que moverte. Analiza tu objetivo, y empieza a luchar por él.

¡Y que no se te olvide tu grito de guerra para conseguirlo! 

Haz ejercicio

Para serte franco, este es el que más me cuesta.

Pongo trabas y dificultades “más urgentes” para acabar sentada en el sofá como una seta y no moverme. Sin embargo, me obligo a moverme.

Uso el coche únicamente para ir a trabajar o salir de Zaragoza, pero por la ciudad intento ir siempre andando a cualquier sitio. A paso ligero. Al final, acabas andando entre 30-50 minutos como mínimo diarios, y si no vas en modo paseo, hace que no se te atrofien tanto los músculos.

Ahorra primero

Cuando empecé a ahorrar, como lo hacía a final de mes… O bien, no había cuantía fija… o ni siquiera había posibilidad de hacerlo.

Mi monje-hucha, con poca voluntad…

Me había abierto una cuenta de ahorro para evitar seguir robándole al monje, pero si me lo gastaba antes de traspasarlo… lo que es ahorrar, no ahorraba.

Así que, cambié la técnica. El día que cobrara sería el día que se iría la pasta de mi cuenta.

Muerto el perro, muerta la rabia.

No todos los meses son iguales, y hay veces que tengo que devolver a la cuenta de origen una parte (vacaciones, regalos…) pero, en los meses estándar, ajusto mis gastos para evitar, por todos los medios, robar dinero de esa cuenta (y digo robar porque pocas veces se devuelve).

Y estoy hablando que ahorro un 40% de mi sueldo neto. Anual.

Sonríe todos los días

Una de mis pasiones ocultas es el manga y el anime. De pequeña, cuando todavía existía la plus y ponían programas sin codificar a las nueve de la mañana, veía Rurouni Kenshin todos los sábados (NOTA: es una serie sangrienta, no aconsejable para menores de 12 años 🙂 ).

Hay un capítulo en esa serie en la que un asesino con cara de no haber roto un plato en su vida siempre sonríe. Su historia es muy triste, porque lo apaleaban sin piedad todos los días de su niñez, sólo para hacerle llorar.

Hasta que deja de llorar, aguantando los golpes con una sonrisa en la cara.

No por dejar de darles el gusto, sino para que doliera menos. Dejar de sentir ese dolor, dejar de asociarlo.

El sólo hecho de sonreír, un gesto que nos sale por inercia cuando estamos contentos, acaba quitando el disgusto. ¿Cuántas veces un amigo te ha intentado hacer reír cuando tú sólo querías llorar? ¿Te ha sacado una sonrisa y has visto cómo, poco a poco, se iba tu enfado?

Hay que sonreír más.

Para que se vayan los males, y notes más caliente el pecho.

Después de todo, estas fechas son para eso precisamente, ¿no? ¿Cómo sientes tú la emoción de las luces de Navidad? ¿Qué harías para tenerlas el resto del año?

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