Cosas pequeñas que pueden llegar a ser muy complicadas

Hay varios estados ante un nuevo reto, ya sea para encontrar un primer trabajo, cambiar de empleo o ascender.

Cuando nos lo planteamos por primera vez, nos envuelve un aura de euforia con un grito interior de “¡Puedo con todo!”

Empezamos a buscar, y vemos tanta información por todos lados que empezamos a dudar de todo: “¿Lo estoy haciendo bien? ¿Es esto realmente lo que debo hacer? ¿No sería más eficaz lo que dice este otro?

Como no nos salen las cosas como pensábamos, bien porque no nos contactan, no “valoran” nuestro trabajo, no nos dan la suficiente importancia… empezamos a rechazarnos a nosotros mismos, porque no entra miedo: “¿Pero qué estoy haciendo? ¿Por qué estoy gastando tanto tiempo en esto si ni siquiera se nota? Con lo fácil que sería…

Y tenemos dos opciones: rendirnos, o afrontar la situación.

Autocontrol: “Tranquilo, venga, respira, organízate… No pasa nada, todo va a salir bien, tú lo mereces…

Y, de repente, te llaman, te dan la palmadita en la espalda, te conceden una entrevista… das el primer paso, y entras en un estado de reafirmación: “¡Yujuuuuu! ¡Vamos bien! Venga, venga, ¡venga! ¡Tú puedes!

Y vuelve a empezar el ciclo, en el segundo, tercer, cuarto paso… hasta el final.

¿Nos gusta complicarnos? ¿Necesitamos sabotear nuestra confianza con las cosas más pequeñas? ¿No podemos hacer un paso tras otro… y ya?

Cosas pequeñas

Damos un paso tras otro, el problema está en que nos dedicamos a desordenar una y otra vez los pasos, sintiéndonos confusos porque no hay un orden lógico a seguir.

Y eso, limita nuestras acciones, y nuestra mente.

Pero, ¿cuáles son esas pequeñeces?

Tomar una decisión

A veces, no estamos a gusto donde estamos, o queremos simplemente cambiar algo. Sin embargo, el solo hecho de pensar cómo nos puede afectar, o lo mucho que vamos a tener que trabajar en ello… nos incapacita para tomar una decisión sobre hacerlo o no.

No abandonar un plan

En el camino, tras haber tomado una decisión, vamos encontrándonos adversidades. Algunas vienen impuestas, mientras que otras las generamos nosotros mismos. Es en esos momentos en los que empezamos a dudar de todo, hasta el punto de dejarlo todo y volver al inicio porque es más sencillo dejarnos llevar por la corriente.

Encontrar tiempo para uno mismo

Tenemos que hacer tantas cosas, y siempre son tan urgentes… que nos olvidamos de vivir nuestra propia vida. Llenos de obligaciones, eliminamos las que serían prioritarias, únicamente por ser por y para nosotros.

Mente positiva

Cuando parece que todo sale mal, que por mucho que lo intentes nada funciona como debería… nos volvemos derrotistas, pues un sentimiento de fracaso nos llena por el solo hecho de verlo todo negro.

Acabar con las dudas sobre uno mismo

El sentimiento de fracaso, el derrumbamiento… En vez de intentar darle la vuelta a la tortilla, dudamos sobre nosotros mismos, sacando a relucir nuestros peores miedos.

No luches contra ti mismo, acéptate y mejora lo que no te gusta para dejar de dudar de todo lo que haces.

Publicar tu trabajo

Muchas veces, estamos contentos con un proyecto que hemos llevado a cabo. Sin embargo, en el momento de exponerlo, de hacerlo público al mundo, dudamos si realmente es tan bueno como pensamos. 

Empezamos a intentar perfeccionarlo, pero cada vez que lo leemos encontramos una nueva errata, algo que no cuadra, algo que hace que no sea perfecto. Perfecto o no, lo importante es publicarlo, porque si no lo haces, nunca sabrás lo que opina el resto.

Trabajar en tu CV

En vez de trabajar en él mientras trabajamos y avanzamos como profesionales, con las ideas frescas sobre lo que hacemos y cómo podemos potenciar nuestro perfil, lo hacemos únicamente en el momento de cambio.

Como todo está inventado, empezamos a compararnos con otros, dejando a un lado nuestros puntos más fuertes, porque acabamos copiando. No lo hagas, trabaja de forma genuina en ti mismo, ya que en la entrevista van a ver en un momento si has copiado o no.

Escribir (y enviar) correos electrónicos

Hacer una llamada para intentar contactar con una persona de RRHH, o mandar tu carta de presentación en frío… es algo que da respeto. Pasa lo mismo cuando tienes que dar una mala noticia, o tienes que decir que no a una petición.

Dentro de las competencias profesionales, esta hay que destacarla, porque es echarle huevos a las cosas (hablando mal y pronto), por lo que es un aspecto a mejorar y reforzar en cualquier caso.

Hablar en público

Seas extrovertido o no, no es lo mismo hacerlo delante de un grupo que conoces, y que es relativamente reducido… a ponerte delante de más de 100 personas. O hacerlo a través de una cámara.

Hay que perderle el miedo, y el primer paso para hacerlo es hablar delante del espejo.

Pedir ayuda (y dejarte ayudar)

Esta sociedad de hoy en día, donde casi todo puede encontrarse, está convirtiéndonos en una sociedad que debe saberlo hacer todo. Ese simple hecho, nos incapacita para pedir ayuda a los demás, o dejarnos ayudar… porque pensamos que es un síntoma de debilidad.

Todos tenemos límites, y debemos saber cuáles son para no perder el tiempo y hacerlo bien desde el principio.

Decir no

Muy relacionado con el punto anterior. Ante una solicitud, o una exigencia, en vez de decir “No puedo hacer esto”, contestamos con un “Ahora mismo me pongo a ello”.

Puede quitarte tiempo de algo más importante, hacerte perder tiempo porque no vas a saber acabarlo, frustrarte, agobiarte por un exceso de trabajo… Pon límites.

Ser el primero en ofrecerte voluntario

Si sabes hacer algo, y lo sabes hacer mejor que el resto, sé proactivo y ofrécete primero. Lo van a agradecer, y te lo van a demostrar. 

Pedir una opinión

Sólo queremos escuchar opiniones cuando son favorables para nosotros. Sin embargo, cuando sabemos que la respuesta que vamos a escuchar no nos va a gustar, no la solicitamos.

No nos gustan las críticas, aunque sean constructivas. Deja de intentar favorecer tu ego y muestra humildad pidiendo opiniones tanto en lo bueno como en lo malo.

Bajar la guardia

No nos permitimos bajar la guardia, para atacar cuando nos sintamos amenazados… El problema si hacemos eso es básicamente si no tenemos razón, o si pueden ayudarnos pero no nos dejamos por cabezonería.

Mostrarte en una reunión

Una reunión es un tipo de networking, y allí vamos todos a aprender y a enseñar a los demás. Si te escondes tras tus papeles y  no das tu opinión, puede que una buena idea se pierda, un buen enfoque sólo quede en tu cabeza… y se dejen cosas por hacer sólo por ese motivo.

Habla, es peor quedarse callado por no meter la gamba a que no salga bien porque no se haya tenido en cuenta tu idea.

Levantar la mano para pedir

El que no llora, no mama

Si das, quieres recibir algo a cambio… y muchas veces frustra esperar sin que el otro se dé cuenta de que esperas algo a cambio de tus servicios. En vez de enfurruñarte, levanta la mano y pide por esa boquita.

Escuchar

Para pedir, hay que escuchar lo que dicen y lo que pasa a tu alrededor. Somos personas, y más aún somos complejas. Igual que nos gusta que nos escuchen, tenemos que aprender a escuchar a los demás.

Admitir que estás equivocado

Cuando no queremos admitir una verdad, un fallo propio, nos negamos a escuchar lo que tengan que decir. Nos encabezonamos con algo y seguimos adelante sin hacer caso a absolutamente nada. Muchas veces, eso es un error mayor a volver tres pasos atrás y empezar a rehacer cuando ha aparecido el primer fallo.

No se trata de agachar la cabeza, se trata de ser consecuente. Es mejor disculparse y rehacer, a seguir adelante y que se convierta en un problema mayor.

Cómo darle la vuelta a la tortilla para empezar a actuar

Uff, hablar sobre todos estos temas, uno a uno, y asumirlos… es algo para lo que no nos prepara nadie. Y lo vamos haciendo a trompicones, a prueba y error. 

Salimos de nuestra zona de confort, y porque no nos queda otra, no porque lo decidamos. Eso es lo que las hace complicadas.

Podemos seguir así… o anteponernos y ser los primeros en actuar, para que deje de darnos miedo.

Mira más allá

Nunca verás venir los momentos que mutilarán tu vida para siempre… Al menos, no los verás hasta después de que te hayan cortado las piernas

Saga Dark Hunter – Sherrilyn Kenyon

Si no somos capaces de imaginarnos nuestra vida tal y como la queremos, no somos capaces de idear un plan que nos lleve a ella.

Es como si yo, ahora mismo, cogiera la bici y me voy a los galachos de Juslibol, un barrio a las afueras de Zaragoza, que tiene una zona desde donde hay una vista espectacular de la ciudad, pero está en una explanada desértica inmensa.
Si no voy con un mapa, si no sé la ruta, o el punto al que quiero llegar… puedo perderme y liarla parda porque no sepa volver, o no pueda hacerlo. O acabar en el punto opuesto, porque Zaragoza es un desierto (si no, ya me dirás cómo grabaron a la Khaleesi en las Bardenas Reales al lado de mi pueblo, ¡colindando con Navarra!)
Sin embargo, el simple hecho de llevar un mapa, una brújula… o gracias a la tecnología, un GPS, nos ayuda a mantener el foco y la dirección.

Imagina pues, cómo te gustaría que fuera tu vida, teniendo tres puntos clave:

  • Ser compasivo con uno mismo
  • Que llegue a divertirte (aunque sea sólo un poco, hablamos de trabajo y no hemos venido a jugar)
  • Tú seas capaz de ser feliz

Qué cargas a tus espaldas

Vestís vuestro honor como si fuera una armadura, Stark. Creéis que os protege, pero en realidad no es más que una carga que os hace moveos despacio. Miraos al espejo. Sabéis por qué me habéis hecho venir, sabéis qué queréis pedirme que haga. Sabéis que es necesario… pero no es honorable, así que no os atrevéis a decirlo en voz alta

LORD BAELISH – Canción de Hielo y Fuego (Libro 1: Juego de tronos)

Hay una frase bastante más sencilla, un dicho popular, que dice que No hay más ciego que el que no quiere ver. Es más sencillo quejarnos y compadecernos de nosotros mismos que estar dispuestos a dar el paso, a convertirnos en nuestro propio cambio. Si no sabemos qué es lo que queremos cambiar, no podemos cambiarlo.

Y, cuando lo sabemos, empiezan las dudas sobre los daños colaterales que puede tener asociados. Escribe esos posibles daños colaterales, haz realidad tus miedos sobre el papel. No para horrorizarte, sino para marcar, paso a paso, qué hacer si llegaran a producirse.

Cómo hacer un hueco en la agenda para priorizar la diversión (y el amor)

La intimidad es algo que da miedo. Abre la puerta a nuestras debilidades más profundas, y a nadie le gusta que lo vean vulnerable

Sherrylin Kenyon

Nos preocupa tanto lo que puedan decir de nosotros, exponernos a otras personas, que acumulamos una tarea con otra por miedo a mostrarnos a nosotros mismos. 

Ese acumule de trabajo, de actividades, muchas veces no nos traen felicidad, sino que lo único que nos traen es desasosiego y estrés porque no hay un minuto libre para descansar, incluso para llevarlas a cabo. Y dejamos tareas inacabadas.

¿Qué es lo obligatorio? ¿Qué es aquello de lo que no puedes prescindir en tu día a día? Igual que es mejor no considerar a un empleado como indispensable, porque todos somos números dentro de la empresa… hay que pensar del mismo modo con las tareas.

¿Qué es lo que quieres? ¿Y lo que no? Deja de concentrarte en lo que te mantiene entretenido, y abre esa parte de ti que no quieres mostrar a nadie.

Cómo vas a llevarlo a cabo

Durante el combate, un hombre nunca es tan vulnerable como cuando huye. Un hombre que huye, es para un soldado como un animal herido. Le provoca sed de sangre

Jaime Lanister – Canción de Hielo y Fuego

El piensa antes de actuar lo hemos ido aplicando anteriormente, ahora es ir dando paso a paso. 

Puedes:

  • Levantarte más temprano cada día para pensarlo, planificarlo, establecer un plan diario, semanal… o simplemente no hacer nada mientras te tomas tu café.
  • Dar un paseo matutino, o en la hora de comer
  • Escuchar la música que te motiva y te inspira (antes, después, o incluso durante lo estás llevando a cabo)
  • Vestirte con tu conjunto favorito para que te de fuerza
  • Apuntarte a una clase o a un curso sobre el tema para comprobar que te gusta
  • Apagar el teléfono durante una hora al día (que estés despierto, dormido eso no vale)
  • Dedicarte a respirar profundamente, sin prestar atención a nada más
  • Darte una ducha de agua caliente para relajarte y no solo para limpiarte
  • Relajarte con un masaje
  • Leer
  • Mirar fotos antiguas para recordar buenos momentos
  • Ver una película y reírte, pasar miedo, o pensar quién es el asesino
  • Escribir un diario, bien sea para poner lo malo y expulsarlo, así como agradecer las cosas buenas que te han pasado, por insignificantes que parezcan…
  • Irte a la cama más temprano, sólo para descansar y relajarte, tener la cabeza despierta al día siguiente.

¿Haces alguna de estas? ¿O cuál propondrías?

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