Las tareas del hogar, la lista de Cenicienta

Las tareas del hogar se convierten en la historia interminable, empieza a organizarlas

Cuando era niña, en un acto de buena voluntad… Pregunté en casa cómo podía ayudar en las tareas del hogar, y acabé con la (di)fácil tarea de limpiar el polvo.

La voluntad se me acabó pronto, todo hay que decirlo. Más aún… cuando siempre lo hacía mal. Siempre me dejaba algo y luego tenía que repasarlo.

Y es que, lo que para mí era coger el plumero y ventilármelo en 5 minutos… Se convirtió en un trabajo de ingeniería. ¿Que por qué? Quitar el polvo consistía en:

  • Ver el mueble y todo lo que estaba sobre él
  • Memorizar dónde estaba cada cosa
  • Vaciarlo
  • Pasar el trapo por cada estantería, laterales de la estantería y por debajo de los estantes
  • Parte frontal y laterales del mueble (aunque estuviera a 5 centímetros de la pared)
  • Limpiar cada elemento que hubiera sobre cada estante del mueble
  • Volver a ponerlo en el sitio correcto
  • Mesas y sillas: superficie completa, patas incluidas
  • Puertas, ventanas y cristales

De todas las habitaciones.

Repito, lo que para mí eran 5 minutos, se convirtió en 2 horas mínimo… Más los típicos comentarios de:

  • Te has dejado las patas
  • En el lateral hay polvo
  • No has quitado los dedos marcados de la mesa cafetera
  • Esto no estaba ahí

Si hubiera tenido un móvil, seguramente hubiera intentado facilitar mi tarea haciendo una foto para saber dónde iba exactamente cada marco de fotos, cada figurita, cada recipiente…

Eso sí, gracias a eso… llegué a mi primera conclusión sobre cómo quería tener mi casa:

Cuantos menos tarros tenga, menos tardaré en limpiarlo todo

La importancia de tener una casa presentable

Todos tenemos un amigo que, cuando vamos a su casa, dice el típico “Perdón por el desorden“. Al escuchar esa frase, pasas con ojo crítico una mirada por la casa, y ves que está totalmente impoluto.

Las copas, brillantes en la vitrina del salón. No hay ni una sola mota de polvo en la estantería. Tampoco ves una pelusa, o un pelo suelto por el parqué claro…

Nada.

Todo está perfectamente ordenado.

Brillante.

En ese momento, piensas en tu casa, con la ropa encima de la silla al lado de la cama, la vajilla que has dejado sin fregar en la pila, y el polvo acumulado en las estanterías aunque no hayas dejado la ventana abierta.

¿Cómo lo hace?

¿Cómo es posible que, teniendo menos tiempo que tú, tenga la casa mejor que tú?

¿Tiene duendes que trabajan por la noche sin que se de cuenta?

¿O es que no duerme?

Y es que…

No tiene una casa impresentable, tiene una casa de revista

Para mí, tener una casa presentable es que no piensen que justo antes ha pasado Atila el Huno a hacerme una visita. O él, o una manada de elefantes.

Porque a veces, cuando acaba el día… Según como haya sido parece que han estado hasta los dos.

Ahora no tengo a mi madre para que recoja por mí, limpie por mí, y que todo esté en su sitio. Como cuando era una niña pequeña.

Sin embargo, si otros pueden hacerlo, yo también debería, ¿no?

De todas formas, yo no puedo hablar demasiado alto, cuando me independicé, la primera vez que vino mi madre a casa hasta se sorprendió. Siempre me había considerado desordenada, y cuando vio que estaba todo en su sitio, me soltó: “Y esto en casa, ¿por qué demonios no lo haces?

No pude evitar ponerme un poco colorada, cuando lo que me venía a la cabeza contestar era: Porque lo haces tú por mí.

Y es que, hay dos tipos de personas:

  • Las que lo hacen por iniciativa propia
  • Quienes lo hacen porque no les queda otra

Como a mí la voluntad en las tareas del hogar se me fue pronto, en este campo siempre he sido de la segunda clase. Aunque, si te soy sincera… Ahora que no nos oye nadie, creo que esto lo hace todo el mundo.

La historia interminable

Tener una casa presentable… es sacrificado.

  • Nadie lo ve
  • No se valora
  • Ocupa mucho tiempo
  • Y, cuando has acabado, prácticamente tienes que volver a empezar.

La mierda no se cansa en su trabajo. Se acumula sin parar.

Fíjate, si no, en la cocina. Manchas para cocinar y para comer, luego tienes que fregarlo. Y es algo que haces todos los días, varias veces al día.

Incluso en lo que no gastas tiempo, como puede ser que se te caiga el pelo, o se vaya acumulando polvo, ¡hasta marcas por culpa de los zapatos! Sí, puedes ir descalzo por casa, pero si te han sudado los pies, las marcas las dejas igual, y no es lo mismo ir descalzo en verano a invierno.

En invierno no te apetece porque hace frío, pero en verano tienes la ventana abierta y va entrando mierda de la calle, manchando incluso antes.

Y por no hablar de eso, en el baño, por ejemplo: cuando se te cae una gota y la pisas sin querer, o las gotitas que se quedan en el espejo o en la mampara de la ducha y que hay que limpiar.

El otro día me reía con una amiga cuando me dijo que no entiende cómo se lava la cabeza su novio, porque incluso pasan por encima de la mampara y mancha mampara y suelo a la vez.

Si no limpias, fatal, porque eres un guarro que vive en una pocilga.

Sin embargo, si limpias… Nadie te dice nada. Es algo que se supone que hay que hacer.

Punto.

Esclavos del trabajo, y fuera del trabajo

La gran mayoría piensa que, lo que te encadena a una casa, es el pago de la hipoteca. Yo no opino igual. De hecho, creo que lo que te encadena a tu casa es tooooodo lo que tienes que hacer en ella.

Porque la casa es esclava aunque no te mande.

El día puede tener 24 horas, de las cuales, sueles pasar unas 8 en el trabajo, mas el desplazamiento, hora de comida… Realmente, la casa la usas para:

  • Dormir
  • Comer
  • Pasar parte del poco tiempo disponible que te queda en el día

Sin embargo, siempre se mancha. Hagas, o no hagas nada.

Si no, dime una cosa: Te vas de vacaciones, dejas la casa cerrada a cal y canto. Vuelves, y aunque no parezca una casa abandonada… ¿A que hay una finísima capa de polvo?

Para mí, es como si se riera de mí. También puede ser porque yo odio limpiar, así que intento ensuciar lo menos posible siempre.

¿Cuándo limpiar? ¿Todos los días? ¿O dejo que se acumule?

La pregunta del millón.

¿Debo ser Mónica de Friends y comerme las galletas encima del fregadero? ¿O Penny de The Big Bang y que se me lleguen a caer unas bragas viejas por la pernera del pantalón?

No puedo evitar reírme cada vez que recuerdo la escena de Penny diciendo eso, lo siento. Es que yo misma, recogiendo calcetines, me he metido unos al bolsillo para meterlos en la lavadora cuando pase por la cocina, y he salido de casa con un bulto en el culo por su culpa.

Y es que querer recoger deprisa y corriendo… es mal consejo. A cada cosa hay que dedicarle su tiempo.

Por mi parte, y para que no me entre el síndrome de: Acabo esto y lo hago y no hacerlo nunca… Divido.

  • Efecto temporizador – lo que cuesta poco tiempo hacerlo para un lavado de cara (recoger ropa del día anterior, hacer la cama, fregar, limpiar la encimera…) me pongo una alarma en el móvil, por las mañanas, y voy dando a retrasar cada 10 minutos. Así, voy contando lo que me cuesta, me doy vida y, si veo que no voy a llegar, no lo empiezo.
  • La mañana de alcahueta – como decía antes, el efecto temporizador es una lavada de cara. Se hace lo básico e indispensable para tener una casa relativamente presentable. Sin embargo, eso no vale con carácter continuado. Cada X tiempo, que puede ser una vez a la semana, o incluso una vez al mes o trimestralmente, dependiendo de qué estemos hablando… Hay que esmerarse más.

Yo realmente empecé a hacerlo con estos métodos por un simple motivo. Compartía piso.

Cada una limpiaba las soperas y platos que manchaba, a parte de su habitación, y cogí la dinámica de, al menos, que cuando entrara a casa lo básico y fundamental estuviera hecho…

Pero, ¿y tú? ¿Cómo sueles hacerlo? ¿Recuerdas cuándo empezaste a hacerlo así? ¿Cambió desde que abandonaste el nido?

Cuando compartía piso

No es la primera vez que digo que vivo de alquiler… De hecho, llevo bastantes años fuera de casa (realmente, sólo me doy cuenta que me he hecho mayor cuando empiezo a pensar en ¡la cantidad de años que llevo fuera de casa!).

Empecé en residencia cuando estudiaba en la Universidad, luego compartí piso con compañeras de la resi, seguí compartiendo con gente que no conocía cuando empecé a trabajar… Y ahora, llevo ya unos años sola.

Me ha tocado de todo: desde personas ordenadas que rozaban lo obsceno… hasta otras que parecían sacadas de una pocilga.

Créeme, cuando te ha tocado vivir con los dos extremos, acabas prefiriendo vivir con copias españolas de Mónica de Friends… Y es que, para que te hagas una idea, hubo una semana en que, en plena “Guerra Fría”, tuvimos la bañera embozada en barro porque:

  • Las compañeras que estudiaban veterinaria habían ido a una práctica con caballos
  • Llegaron a casa con barro hasta la rodilla, literalmente
  • Se ducharon, dejando toooooodo el barro en la bañera
  • Ni se les pasó por la cabeza quitarlo

Había dos frentes unidos: el que quería limpiarlo, y al que no le molestaba.

Tres días con medio palmo de barro en la bañera y sin intención de quitarlo, hasta que dijimos: “Oye, ¿pero es que el barro se va sólo?”

Y, como no se daban por aludidas, les pedimos que, por favor, limpiaran eso.

O unas navidades, que se quedó una en casa en vacaciones mientras el resto nos íbamos con la familia, y yo que llegué la segunda, me encontré con: vasos, platos, cubiertos, sartenes y cacerolas… sin fregar, con toda la mierda reseca porque ni siquiera lo había mojado.

Y como llegué para comer, ¡¡ni siquiera podía!!, porque no había nada que pudiera usarse… Lo peor fue cuando vi que, tirada en el sofá, no tenía ninguna intención de fregar, así que me vi obligada a decir: “¿Sabes que no puedo comer?”

A lo que me contestó, sorprendida: “No jodas, ¿y eso?”

Incluso se sorprendió todavía más cuando le expliqué que era porque estaba todo sucio, pero no se movió. Tuve que pedirle que fregara, al menos, dos platos, vaso y tres cubiertos.

Y sólo fregó eso

Lamentablemente, mi caso no ha sido aislado.

No es que yo esté obsesionada con la limpieza.

Amigos míos se han visto obligados a tener su propia vajilla en el cuarto, escondida, porque si querían comer tenían que fregar para poder comer en limpio.

Una amiga llegó a comprarse papel higiénico y guardarlo en su armario porque se puso en huelga de la compra común. Aguantó cinco semanas antes de que alguien comprara algo para casa. Y fue porque faltaba una especia que otro integrante del piso necesitaba para cocinar, algo que ella ni gastaba.

Sólo compro eso… Mi amiga explotó como si fuera Hulk.

Cuando empecé a vivir sola

Más de una vez me han preguntado que si no me aburro viviendo sola.

Si no se me echa la casa encima.

Lo cierto es… que con el poco tiempo que yo paso en casa, es como si fuera un santuario.

Llego, y todo está en su sitio. O, al menos, el sitio donde lo he dejado yo. No siempre está ordenada, eso te lo adelanto, pero es temporal.

El hecho de volver de trabajar y no encontrarme el desayuno encima de la mesa de la cocina (y no hablo del vaso de la leche… hablo de la mantequilla, el pan de molde abierto, café destapado por otro lado…) me da tranquilidad, oye.

Es cierto que no hay reparto de tareas, que lo tengo que hacer todo sola… Hay veces que se acumula un dedo de polvo porque llevo dos semanas sin poder quitarlo (poco tiempo y querer dormir más, qué le vamos a hacer), o que cuando me levanto veo que me he dejado lo del día anterior sin fregar…

Sin embargo, dedicar un sábado por la mañana a un lavado de cara intenso a la casa me dura mil veces más que una hora de limpieza cuando compartía piso.

Y es que, como dice el dicho:

No es más limpio el que más limpia, sino el que menos ensucia.

Las cosas han cambiado…

Ahora las mujeres trabajan.

Uno de los debates más polémicos hoy en día es… la igualdad de género.

Hace unos 50 años, que una mujer trabajara estaba mal visto.

Estamos hablando de muy poco tiempo, pero las cosas han cambiado muchísimo en estos 50 años. Ahora, pasamos mucho tiempo fuera de casa, tanto hombres como mujeres, pero… ¿Quién no quiere seguir teniendo la casa impoluta si tiene visitas?

Igual al principio puede dar más igual, cuando eres joven siempre eres más desordenado porque le das menos importancia a eso, buscas una excusa. Sin embargo, cuando empiezas a tomar consciencia, ese pensamiento cambia.

Al final, nos vemos sometidos al qué dirán.

Independientemente de eso, y quitando algunas excepciones, la forma en que se fija y analiza una mujer en la limpieza y el orden es bastante más exhaustiva que un hombre.

Hará cosa de un mes, lo hablaba con dos amigas. Llevan un año viviendo con el novio, y yo me reía cuando decían: “¡Es que no ven la mierda!”

Una de ellas tiene obsesión con los cristales, la otra… con las baldosas.

Yo, lo cierto es que soy más trapera… Aunque puede ser porque tengo una sobrina que, cuando me descuido, me ha llenado todo de dedos.

En los dos casos, ambas trabajan, y se reparten las tareas de la casa por eso mismo. La única diferencia entre ellas y sus parejas es que:

  • Mis amigas lo llevan haciendo gran parte de su vida y les han corregido desde pequeñas
  • Sus novios han empezado a hacerlo cuando se han ido a vivir con ellas

Y no me tengo que ir tan lejos, a mí me pasa con el mío. Aunque vivimos por separado aún, cuando compartimos piso el fin de semana hay diferencia entre él y yo.

Sí que es cierto que tiene muy buena voluntad, y que si él cocina friego yo, pero cuando toca al contrario, no es la primera vez que le he dicho: Friega de menos a más grasa. Si empiezas por la sartén, que tiene restos de aceite, luego los vasos se van a quedar fatal si no limpias el estropajo y vuelves a poner jabón limpio.

Lo que a mí me decía mi madre con 12 años, se lo digo yo ahora con casi 30. Primero los vasos, luego los cubiertos, platos y, por último, soperas y sartenes.

O, simplemente, que acabe repasando lo que ha hecho antes (lo siento, cielo, pero sabes que es ¡totalmente cierto!)

Educación en casa

Todos nosotros, aprendemos porque repetimos las cosas una y otra vez… hasta que se nos quedan grabadas en la memoria.

Algunas cosas nos cuestan más, para otras parece que tenemos un sexto sentido… pero lo cierto es que somos como monitos que aprendemos por el simple hecho de repetir. En el tema de la limpieza, no es que las mujeres sean más limpias que los hombres, o que se fijen más en los detalles, ni tampoco que tengamos un sexto sentido en este ámbito.

Lo cierto es que vemos esas cosas porque llevamos más tiempo haciéndolo.

Después de todo, limpiar no tiene ningún misterio. Bueno, miento. Su misterio es básico: la actitud.

Ejemplos:

-Hace unos años, un día que mi madre estaba diciendo que nadie la ayudaba en casa y que tenía que hacerlo siempre todo ella sola, explicó que una compañera de trabajo hacía que todos separaran la ropa sucia. Es decir, en vez de que una persona fuera cuarto por cuarto recogiendo la ropa usada, separándola por colores y texturas, y ponerla en montones de: ropa oscura, de color, clara y delicada…

Había mandado a todos los integrantes de la familia hacerlo. Si faltaba algo cuando esa persona se ponía a lavar la ropa, hasta la siguiente tanda no iba a hacerlo. En mi casa, o bien mi madre recogía la ropa o preguntaba: ¿Tienes algo para lavar?

Se encargaba de todo ella.

-Cuando yo compartía piso, tenía las que yo he llamado siempre “guerras frías”. Sí, de esas silenciosas de “tú no lo haces, pero yo no pienso hacerlo por ti”.

Tengo que reconocer que se me comían los demonios por dentro, que había veces que me hubiera tirado de los pelos y gritado a los cuatro vientos como si hubiera sido Medusa, pero contaba hasta diez, respirando, y soltaba un “Vaya, pues alguien se ha debido dejar esto sin hacer” cuando estábamos todos los miembros de la casa juntos. O el típico, ¿habéis visto cómo está esto?

-Incluso más aún. Recuerdo una vez que nos quedamos mi padre y yo solos en casa porque mi madre estaba durmiendo en el hospital como compañera de mi abuela. Y me saltó mi padre “Hoy no me has hecho la cama”, y no pude evitar contestar “Es que yo no la he usado, no sabía que estaba diferente a ayer”. El día 2, volvió a repetirme lo mismo, la diferencia estaba en que él ya la había hecho por la mañana antes de irse (sí, yo había ido a comprobar que estuviera hecha).

-O aún peor. Hará cosa de 5 años, una compañera de trabajo se separó de su marido. Al mes de separarse, recibió una llamada de su ex para preguntarle dónde había guardado una camisa que se quería poner ese día. La pobre acabó contestándole que bastante había tenido empaquetando sus cosas para irse de casa, como para saber, un mes más tarde, dónde estaba guardando él lo que se ponía o se dejaba de poner. Y es que, su nueva casa estaba llena de cajas que no le había dado tiempo, aún, de poner en su sitio.

En la casa, como no se aprecia lo que se hace, la mayoría de las veces somos de la ley del mínimo esfuerzo, el famoso ya lo hará otro si no lo hago yo.

Sin embargo, si ese otro tiene un cambio de actitud, de no cargar con todo lo que le viene encima… las cosas cambian.

Realmente, no se trata de mandar, de ordenar a otros que hagan algo.

El nombre real es reparto de tareas. Después de todo, se convive, ¿no?

Asistente vs. DIY (hazlo tú mismo)

Yo me llevo 9 años con mi hermano, lo que implica que en mi época rebelde (si se puede decir que yo fuera rebelde, que tampoco lo era mucho) mi hermano estaba en la carrera y pasaba más horas estudiando y/o trabajando que otra cosa cuando llegaba a casa.

Sin embargo, yo no veía eso, yo lo que veía en aquella época era que a mí me mandaban hacer cosas, pero a mi hermano no le obligaban a hacer nada (también debo decir que respecto a la casa, él siempre ha sido bastante más voluntarioso que yo. A mí la voluntad se me fue pronto en este aspecto).

Por eso, un día que me mandaron hacer algo, ahora no recuerdo el qué ya que hablo de hace unos 15-20 años… Le solté a mi madre algo así: “Pues me dedicaré a ganar mucho dinero y podré contratar a alguien para no estar esclava de la casa”

Primero, se rió de mí. Y luego, dio el toque de gracia:

“Para saber mandar, tienes que saber hacerlo antes”

Estocada mortal.

Sin embargo, y como en tantas otras cosas… Tiene razón. Si no, que se lo digan a una de mis amigas de toda la vida, que la primera vez que se quiso hacer un café en una de las cafeteras italianas, puso en la cubileta del agua el café y por donde estaba el recipiente de los agujeros para el café, echó agua.

¿Tiene sentido? Ninguno. Pero porque sabes cómo se hace el café. Por ejemplo, en las cafeteras a presión (esos vasos largos con una prensadora que se pueden usar también para hacer té) se hace como lo intentaba hacer ella.

Si extrapolamos este simple acto a algo tan básico como las tareas del hogar, ocurre lo mismo. Puedes contratar a alguien para que haga esas tareas más tediosas por ti, pero si no sabes cómo lo quieres realmente, si el resultado no te gusta no vas a tener los suficientes argumentos como para decirle: Oye, hazlo de esta otra forma para que quede así.

Vas a ciegas.

Puede que ahora estés pensando que no es válido, que si contratas a alguien te vas a fijar en el resultado, y que si es bueno, es porque has acertado. Ok, en ese caso hablemos de dinero…

Una casa normal puede costar la mañana de un sábado ponerla a punto. Tirando por lo alto, dedicas:

  • 1-2 horas para dormitorios: polvo, escoba/mopa, fregar suelo y limpiar las puertas.
  • 1 hora para el baño: wc, lavabo, ducha, baldosas, suelo
  • 1 hora para la cocina: grasa de la campana, baldosas, nevera, horno, encimeras, suelo
  • 2-3 horas para la plancha, en función de si usas muchas camisas, chinos, camisetas, vaqueros…

El tiempo es orientativo, por lo alto, y depende siempre de lo grande que sea tu casa y la gente que viva en ella (no ensucian lo mismo 4 personas que 1, o al menos, ¡no deberían!)

Estamos hablando de 5 a 7 horas, como máximo, a la semana. A 10 euros la hora, son entre 50 y 70 euros a la semana. 200-280 euros al mes.

Si no sabes hacerlo, no puedes:

  • Conocer el tiempo real que se tarda en hacerse
  • Apuntar lo que se deja de hacer
  • Corregir lo que se está haciendo mal

Pagas, y ya está.

Sin embargo, si sabes hacerlo:

  • Ahorras un dinero que le estás pagando a otra persona por hacer algo, como poco, fácil
  • Puedes decidir cuándo hacerlo, organizando tu tiempo disponible
  • Fraccionas las tareas según lo que tengas que hacer

Lo único que hay que hacer es: dividir.

Cómo evitar discusiones

Se dice que Julio César decía “Divide y vencerás” como resultado de las conquistas que tuvo.

Bueno, que tu casa esté siempre presentable… es una victoria con los tiempos que corren.

Además, no hago más que escuchar que el primer año de convivencia en una pareja es de los más difíciles que hay.

Es cuando realmente conoces a esa persona, porque vas a descubrir sus manías en casa, cómo se comporta, qué hace y qué deja de hacer. Es más, no ocurre sólo en las relaciones de pareja… yo misma he visto cómo verdaderos amigos se han dejado de hablar temporalmente (o incluso de por vida) después de llevar un tiempo viviendo juntos.

Y es que no tenemos paciencia, y queremos que todo se haga como nosotros queremos.

Sólo por esto…

La primera regla de convivencia no escrita es simple: transige.

En más de una ocasión, tú vas a tener razón y la(s) otra(s) persona(s) no. Sin embargo, exigir por el simple hecho de creer que tú tienes razón, te convierte en un dictador. Porque cuanta más razón tienes, más razón quieres (aunque no la tengas siempre).

Hay que tener mano izquierda, dar pie a que se equivoquen. Porque tú también puedes equivocarte.

Segunda regla de convivencia: escucha

De la misma forma que te digo que exigimos más que pedimos, cuando nos encabezonamos con algo, no escuchamos.

Y te lo dice una persona que, cuando su hermano le intentaba explicar algo que no entendía, él estaba “escuchando” mi susurro: no lo voy a entender, porque no lo voy a entender, porque tú no me lo vas a saber explicar a mí. Hombre, si no lo entiendo ya por mi misma cómo voy a entenderlo porque me lo digas tú.

O que, cuando no quería comer algo, ya ponía cara rara mientras se acercaba el tenedor a la boca.

Tercera regla de convivencia: dialoga

Igual que en los trabajos hay distintos tipos de jefes, en tu casa hay distintas formas de decir las cosas.

Se puede ordenar, o se puede comentar. Es algo tan simple como la sintaxis, o si no, dime, ¿qué frase te gusta más?

-Contabiliza esta factura para mañana por la mañana a primera hora.

-Voy a tener que presentar un informe mañana a las diez, pero sin esta factura no lo puedo acabar, ¿puedes darle prioridad, por favor?

Con la primera, tú tienes una obligación, te la han impuesto.

Con la segunda, te están pidiendo un favor. Te necesitan para poder continuar. Sin ti, no pueden seguir adelante.

En las dos te están pidiendo algo, pero en la segunda, te están incluyendo en el proceso. Lo vas a hacer más gustoso.

Cuando se habla de tareas del hogar, está el típico: ¿Quieres que te ayude?

Se está confundiendo con lo que ahora llaman micromachismo si es en una pareja, pero cuando compartes piso también pasa. No tienes que ayudarme a hacer algo pasivamente, ya que vives aquí activamente.

El hecho de cambiar la frase a “Hago yo esto”, que es con carácter proactivo, cambia el significado.

Cuarta regla de convivencia: tu compañero no es tu madre

Asúmelo, todos lo hemos hecho. En el momento en que te vas de casa, tu madre no va a recoger las cosas por ti, no va a cocinar por ti, no va a lavar por ti y no va a limpiar por ti.

Esto es exactamente igual que el parásito que nunca lleva tabaco ni fuego, y te va pidiendo. Más de una vez he contestado yo después de esa segunda pregunta: ¿Quieres que me lo fume también por ti?

Te has ido de casa, has abandonado el nido… Ya es hora de que empieces a valerte por tu cuenta.

Tu compañero de piso, ya sea tu pareja, un amigo, o un completo desconocido… Tiene cosas que hacer. Por él. Para él. Eso no implica que no vaya a tener tiempo para ti, pero tampoco que sea tu siervo y esclavo.

Si ves que trabaja, hazlo con él, mano a mano. Convivir significa relacionarse, y no sólo para el jolgorio.

Quinta regla de convivencia: divide y vencerás

Somos una sociedad ocupada, sin tiempo. Por eso, para ganar algo de tiempo y no vivir en una obligación continua, hay que repartir.

Aquí no somos Sheldom Cooper, quedándose todo lo bueno e importante, y dejando la mierda para los demás. No.

Ponte un chándal, o remángate las mangas de la camisa, pero mójate.

Cuando compartía piso, teníamos un círculo dividido en tres sectores:

  • Baño
  • Salón, pasillo y compra
  • Cocina

La habitación… que cada uno la tuviera como le diera la santa gana, no era un espacio común.

Además, estaban ordenados en ese orden porque:

  • Se limpiaba una vez a la semana, generalmente el sábado por la mañana o el viernes por la tarde
  • La cocina y el baño son más tediosas que el salón y pasillo
  • Alguien tenía que hacer la compra, porque si no siempre iba la misma persona

También es cierto que este método suele ser aplicable cuando compartes piso con amigos, pero es más complicado cuando tienes pareja e hijos.

Independientemente, hay que poder dividir esas obligaciones que requiere la casa para no quemarte

Reparto de tareas en función del tiempo disponible

El primer pero que suele aparecer para no hacer algo es, por excelencia, el no tengo tiempo.

Sin embargo, resulta muy extraño que, cuando queremos hacer algo, cuando lo ansiamos… ¡Aparece algo de tiempo!

¿Casualidad?

No. Las casualidades no existen… Al menos, en estos casos.

Y como dice el dicho: “Si vales para trasnochar, vales para madrugar”

Vale, no sería exactamente así, pero… Si puedes sacar tiempo para hacer una cosa, puedes sacar tiempo para hacer otra, te guste o no.

¿Que no tienes tiempo para hacer la comida porque has llegado tarde? Pues te levantas antes a la mañana siguiente. Yo me veo obligada a hacerlo más de una vez porque me da pereza cuando llego de trabajar.

¿No hay tiempo para fregar los platos después de comer? Tranquilo, te van a esperar cuando llegues después de trabajar.

¿Sabes que sólo queda una caja de leche? Pues a medio día, antes de subir a comer, compras a la vez que coges el pan.

Pequeñas actividades que, por sí solas, cuestan entre 2-5 minutos (bueno, la comida cuesta más, pero no hablamos de hacer un Cordon Bleu, puede ser perfectamente la comida de supervivencia).

La diferencia está en que, si no se reparten, una persona suma muchos pequeños minutos y deja de tener vida.

Reparto de tareas en función de habilidades

Pobre, es que no sabe hacer las cosas entonces las acabo haciendo yo.

Cada miserable vez que yo decía, o hacía las cosas mal adrede en casa… mi madre me hacía repetirlas.

Y siempre me decía la misma frase:

Más joven que ahora no aprenderás

Volvía a tener razón.

Una persona que hace la misma cosa mal una y otra y otra vez… puede ser por dos motivos:

  • Lo hace mal a conciencia, para poder evitar hacerlo
  • No le corrigen y piensa que lo está haciendo bien

En ambos casos, el que lo está haciendo peor es el que lo consiente. Porque lo va a tener que rehacer después y es como si el otro no hubiera hecho nada.

Cuando compartía piso, teníamos que desmontar una parte del plato de la ducha para quitar los pelos, bien después de ducharnos, bien una vez a la semana cuando lo limpiábamos.

Al principio, era perfecto, porque no se acumulaba la mierda. Sin embargo, al año cambiamos de compañera de piso, y yo empecé a ver que se estaba acumulando el moho y que, cada vez que lo desmontaba yo cuando limpiaba el baño, olía que apestaba a podrido.

Un sábado, me empezaron a dar hasta arcadas y me escuchó una de las compañeras y vino para preguntar si estaba bien. Y le dije: Joder, no sé qué pasa aquí, pero antes esto estaba siempre limpio y ahora sale un olor a podrido que no puedo siquiera estar en el cuarto.

Me quedé helada cuando me contestó: Ah, ¿pero que eso se limpia?

Era la única que estaba desmontando el plato y comiéndome la mierda y pelos de tres semanas y tres mujeres, y no me había dado cuenta porque nuestra antigua compañera de piso limpiaba el baño la semana anterior a mí.

Tardaron en acostumbrarse, pero como cuando desmontaba el plato y veía que había moho preguntaba si lo habían limpiado y decía que yo no lo iba a tocar, empezaron a limpiarlo religiosamente. Porque créeme, olía a verdadera mierda sólo demontándolo, y la cantidad de pelo que se acumulaba hacía que se embozara la ducha.

La habilidad se consigue con la práctica y la paciencia, por lo que se permite más tiempo al que está aprendiendo hasta que lo mejore.

Cuándo hacer las tareas del hogar

Ni todas las tareas se hacen rápido, ni requieren el mismo tiempo. Mucho menos, dan un lavado de cara igual.

¿Qué se nota más? ¿Pasar la mopa por el suelo o fregarlo? ¿Limpiar los cristales o quitar el polvo? ¿Recoger la ropa o plancharla?

Yo, personalmente, me baso en tres cosas para gestionarlas:

  • Cada cuánto tiempo tengo que hacerlas
  • Qué me ocupa menos tiempo
  • Cuál es el mejor lavado de cara

Porque no lleva el mismo tiempo limpiar el horno a fondo, o la nevera… que limpiar una encimera o lavar los platos.

Y aunque usas todos los días la nevera, no requiere que la limpies todos los días como la vajilla o las soperas/sartenes.

Se puede decir, que ciertas tareas pueden ser semanales, otras por estación, y otras… diarias, o de varias veces al día.

Tareas del hogar diarias

Si nos ponemos en modo vago, básicamente es lavar los platos, hacer la cama y recoger la ropa.

Después de todo, por la noche destrozamos la cama, nos cambiamos de ropa un mínimo de dos veces al día, y comemos un mínimo de tres veces al día. Por tanto, es lo que más se va a ver…

Para coger hábitos constructivos, podemos establecer un patrón:

  • Me levanto, abro la ventana para ventilar, desayuno, vuelvo a la habitación, me cambio de ropa y hago la cama y recojo el pijama y la ropa del día anterior.
  • Voy a la cocina, pongo la comida en tupper (esto soy yo, que como en el trabajo), friego el desayuno y la cena del día anterior (no me gusta fregar).
  • Sigo con mi día.

Con esto, quedaría resuelto lo más básico, pero si queremos ponernos exquisitos, y no tenemos pereza a madrugar para tener más tiempo en el día, podemos levantarnos una hora antes y agrupar tareas, usando la técnica pomodoro para ejecutarlas.

Cuando leí la primera vez sobre esta técnica, llevaba tiempo usándola sin saberlo… Así que seguramente tú también lo hayas hecho 🙂

En resumen, la técnica Pomodoro consiste en fraccionar actividades por tiempo. Yo uso el retardo de la alarma del móvil (10 minutos) para ir haciéndolas:

  • El patrón que ponía más arriba
  • Pasar la mopa
  • Recoger el salón y el baño
  • Quitar el polvo de un cuarto
  • Vestirme, peinarme y maquillarme

50 minutos antes de salir de casa. Yo me suelo levantar una hora antes de salir, incluso si tengo que hacerme la comida de ese día, o quiero organizar el resto de la semana.

No siempre hago las mismas tareas, y no siempre aprovecho ese tiempo, pero para acostumbrarme a levantarme temprano, siempre tengo que despertarme a la misma hora: 6:30 entre semana, las 9 en fines de semana.

Tareas del hogar semanales

Llega el fin de semana, cuando tienes más tiempo disponible y, por tanto, menos cosas te apetece hacer. Para quitarte el engorro pronto, lo mejor es hacerlo el viernes por la tarde o sábado por la mañana.

Como yo el viernes lo uso para mi macrosiesta, empleo el sábado por la mañana para hacer el intensivo de las tareas del hogar:

  • Baldosas de la cocina y baño
  • Cristales y espejos
  • Si no he quitado el polvo, acabar de quitarlo
  • Cambiar las sábanas, dividir la ropa de la colada y poner lavadoras como si no hubiera mañana
  • Macetas y balcón
  • Mopa y fregar el suelo
  • Hacer la compra semanal
  • Plancha

Además, lo hago en ese orden, porque el polvo puede acabar en el suelo y es lo último que limpio, y cuando saco la ropa limpia, si se me cae al suelo ya no hay riesgo de que se manche de nuevo.

Y, mientras se seca el suelo, ¡estoy comprando!

Tareas del hogar mensuales

Este tipo de actividad, se sigue haciendo los sábados por la mañana, es acumulativo:

  • Cortinas, fundas de cojines, sofá…
  • Funda almohada y protector cama
  • Nevera y armarios cocina
  • Armario de la ropa, que aunque siempre la pongas en el mismo orden, parece que se descoloca

Tareas del hogar trimestrales

Aquí, básicamente, hay dos:

  • Limpiar el horno, que intento que no se ensucie demasiado porque lo odio
  • Hacer el cambio de armario

Seguramente, me deje alguna en el tintero, pero como puedes ver, aburrida no estoy en ningún momento. Ahora bien, sólo queda una cosa…

Cómo no dejarte nada sin hacer de la Lista de Cenicienta

Llegados a este punto, y sabiendo que en más de una ocasión podemos dejarnos algo sin hacer por no estar acostumbrados… lo mejor es tener un listado de todo lo que hay en cada habitación.

Por eso mismo, y para evitar disputas… cuando convivíamos creamos la lista definitiva en tareas del hogar.

La lista de Cenicienta

Básicamente, es un listado con todas las cosas que se pueden hacer en cada habitación de la casa, y puedes encontrarlo en nuestra página de Recursos.

Además, deberías saber que para poder acceder a él no tienes que suscribirte ni nada por el estilo. Simplemente:

  • Pincha en el enlace
  • Localiza el recurso gratuito
  • Accede a él
  • Descárgalo
  • Imprímelo
  • Y empieza a usarlo

Eso sí, una pregunta… ¿Hay algo que tú incluirías en él? Porque si es así, ¡queremos saberlo!

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