Cómo establecer objetivos que funcionen (Parte 1)

Sé que llego tarde… Nos gusta fijar los objetivos antes de empezar el año para motivarnos de cara a lo que está por venir.

Que haya algo que nos mueva, nos motive, nos haga dar el primer paso y no sumirnos en la monotonía absoluta.

Sin embargo, pasadas unas semanas ni lo hemos intentado. Sigue estando en nuestra cabeza, de vez en cuando aparece, pero no lo llevamos a la práctica. ¿Por qué? ¿Qué es lo que nos pasa? ¿Es que hay algo mal en nosotros?

No.

Es algo más simple. Planteamos una meta, un objetivo, como una idea. Algo que queremos hacer, algo que queremos conseguir.

Sin embargo, no es una necesidad.

No es algo de vida o muerte.

Es una utopía, no un reto

por qué no han funcionado todavía tus objetivos de año nuevo

Y, al ser un ideal, lo dejamos como tal. El “ya lo haré” empieza a inundarlo todo, pero como vamos haciendo más cosas a la vez, lo vamos apartando.

Hasta que se pierde.

Si no, piénsalo así:

  • ¿Qué objetivos te planteaste en 2018?
  • ¿Los llegaste a cumplir?
  • ¿Por qué no los cumpliste? ¿Perdiste el interés? ¿Te asustaban? ¿Los veías como un imposible?
  • ¿Qué te ha dado miedo? ¿El no poder hacerlo? ¿El ser capaz de cumplirlos para nada?
  • ¿Destacaste en algo el año pasado? ¿Te lo recordaste a ti mismo?
  • ¿Te premiaste por lo que hiciste mejor?
  • O, simplemente, ¿pasaste a lo siguiente sin darle importancia? ¿Sin ningún reconocimiento?

Si hiciéramos un listado para tachar con estas preguntas… ¿Cuántas marcarías? ¿Cuántas serías capaz de responder?

Si nos hacemos estas preguntas, no es para auto recriminarnos, no es para culparnos por lo que no hemos hecho. Es algo que, en el fondo, nos va a ayudar a:

  1. Ver dónde tenemos que centrar nuestra atención para conseguir aquello que nos propongamos
  2. Qué es lo que no queremos, qué es lo que queremos, lo que nos interesa realmente y lo que no lo hace.
  3. Ver que debemos celebrar nuestros triunfos, por pequeños que puedan parecer. Si nosotros no estamos orgullosos de lo que hacemos, ¿por qué iba a estarlo otro?

Entender que, si hay algo en lo que hemos “fallado” pero que queremos conseguir, o mejorarlo… Tenemos que saber dónde nos hemos quedado, por qué hemos parado ahí, y qué es lo que tenemos que hacer antes de seguir adelante. Si no sabemos responder a eso, no podremos encontrar alternativas para superarlo en 2019, en caso de querer hacerlo.

Diferenciemos RETO y META

Uno de los mayores personajes que creó la famosa serie “Cómo conocí a vuestra madre” fue Barney Stinson. E igual, su mayor punto fuerte, el que hacía de este hombre depravado alguien adorable era algo tan simple como no rendirse.

Su famosa frase: “Challenge accepted“, o reto aceptado, implicaba que él se comprometía consigo mismo a no parar hasta llegar a conseguirlo.

Y si, por ejemplo, nos fijamos en grandes aventureros como pueden ser los escaladores, que ponen su cuerpo al límite para llegar a la cima, para llegar a la meta… Lo toman como un reto. Y no son superhombres o supermujeres, si no que son personas normales y corrientes que entrenan, van superando obstáculos más pequeños que les dan la fuerza y confianza necesaria para, en el siguiente intento, hacer un poco más.

O algo que hemos hecho todos… Imagina un bebé, ¡no sabe andar nada más nacer! De hecho, ni siquiera es capaz de sostener la cabeza por sí mismo.

Mírate al espejo y dime si no has sido capaz de andar, saltar y correr. ¿No has triunfado con eso? ¿Pensaste en algún momento que no lo conseguirías?

No. No lo pensaste, te esforzaste aún sin saberlo.

Y lo has logrado.

Ahora, los objetivos se han puesto de moda

Sí, el hecho de conseguir algo ahora no es algo personal, es una moda.

Incluso hablan de los famosos objetivos SMART. Un objetivo inteligente: específico, medible, accesible, realizable y con límite de tiempo.

Personalmente, si tengo que analizar un objetivo de este modo, si lo deshumanizo de esta forma… sólo lo voy a utilizar de cara al trabajo. Me resulta demasiado frívolo de cara a mi vida personal, a mi día a día.

No quiero decir que no merezca la pena, en el ámbito laboral es lo que más te va a mover para que consigas lo que te propongas, pero en el ámbito personal… Debe ser útil para ti, debe hacerte feliz. Cuando lo acabes y lo consigas, debería ser como si dieras un salto y dijeras: ¡Joder, así sí!

Y sobre todo, no caer en el mayor error que cometemos. TODOS. Porque, en más de una ocasión, nos ponemos objetivos para impresionar a otros, no porque nos vayan a hacer más feliz a ti mismo. Y eso, amigo, no sólo te va a dejar con los dientes largos, te va a acabar frustrando.

Porque no estarás haciendo absolutamente nada para ti mismo.

Por este motivo, y pensando en cosas que se han puesto de modas… voy a poner un ejemplo con un deporte que cada vez se practica más.

Las carreras. Los runners. O como me gusta llamarlos a mí, los corredores.

Si te apuntas a una 5k, a una 10k… ¿Paras a mitad de carrera y no la acabas?

No, porque tu objetivo es llegar a la meta.

Y sabes que es la meta porque, cuando corres:

  • Tienes un objetivo Medible
  • Sabes, Específicamente, lo que quieres conseguir
  • Existe un resultado, es Tangible
  • Lo puedes hacer, es Accesible para ti.

Vamos a reflexionar lo que queda de tarde… ¡Y pasaremos a la segunda parte de cómo establecer unos objetivos que funcionen!

¿Tienes alguna idea de cómo puede ser?

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