Por qué es importante el arte de decir «No»

No.

La palabra que a muchos les da miedo decir. De hecho, los americanos incluso tienen un adjetivo para definir a este tipo de personas: people pleaser

Lo que aquí llamamos complaciente.

Cuando trabajaba en banca, y sobretodo al contestar correos electrónicos de clientes, tenía que pararme a leerlos varias veces para ver que no había una sola palabra de contenido negativo. No, pero, lamentablemente… 

Había que reformular la frase hasta conseguir darle un sentido positivo. Si a las personas no nos gustan las negativas, imagina si te deniegan algo sobre dinero. El resultado es fatal. 

De hecho, el otro día estábamos viendo Got Talent y salía un niño pequeño bailando.

Y Risto no defraudó haciéndole llorar cuando le dijo que no. ¿Cómo vas a decirle que no a un niño? Al final, el retoño consiguió su sí y pasó a la siguiente ronda. Incluso Risto Mejide es complaciente.

Di no sin sentirte culpable

Tenemos que ser sinceros, con nosotros mismos, con los demás.

En más de una ocasión, ya sea en el trabajo, en una relación, incluso a ti mismo cuando organizas tu dinero… vas a intentar complacer sin posibilidad de hacerlo.

A eso, se le llama dar falsas esperanzas. Lo peor de todo eso, es que cuando no puedas cumplirlo, el sentimiento de culpa va a meterse en tu cabeza. Porque sientes que has defraudado, no has cumplido, has… fracasado.

Di NO desde el principio

Para evitar este tipo de situaciones, tanto si sabes que no vas a poder cumplirlo (sobre todo, si lo sabes) como si depende de alguien más y no puedes asegurarlo… no des falsas esperanzas.

Es bastante peor.

No digas quizás, puede ser… Sé claro.

En más de una ocasión, yo me he visto afectada por este motivo en el trabajo.

Uno de mis compañeros, bastante optimista, y que dice que sí a todo y luego va con el agua al cuello porque no le da la vida para cumplir todo lo que promete (menos aún, en plazo)… Luego viene Paquito con las rebajas y tengo que convertirme en la Bruja Lola para tocar la bola de cristal, por no decir el bastón de Gandalf y que se haga magia.

Tú, mejor que nadie, conoces tus límites. Lo que puedes llegar a hacer y lo que no. Lo que depende de ti. 

De primeras, si algo no depende de ti, y no lo puedes asegurar, sé claro. Porque si das una explicación vaga porque lo tiene que hacer otra persona, otra compañía incluso… Sigues dando falsas esperanzas.

Piensa qué pasaría al revés. Imagina que vas a dar una fiesta por tu cumpleaños, y empiezan a decirte el groso de la gente que creen, piensan… quizás puedan ir.

Haces el fiestón del siglo. Organizas una comida para 50 personas, botellas para celebrarlo, alquilas un local incluso. Van 10. Estoy más que segura, que te jode más que falten 40 que te han dicho que igual iban, frente a los 10 leales que te acompañan

No mientas sobre por qué dices que no

Para decir que no, no es necesario inventarse la excusa del siglo. Principalmente, porque se pilla antes a un mentiroso que a un cojo.

Hará cosa de 3 años, me apunté al gimnasio porque me estuvo dando la tabarra una amiga. No quería ir sola, así que hasta que no consiguió mi sí, no paró. Fuimos dos meses juntas, y yo le cogí gustillo. Ella empezó a tener más trabajo y empezó a faltar.

Al final, me dijo que se había cogido una excedencia de 3 meses en el gimnasio porque era lo que estimaba que iba a durar el pico de trabajo. En Enero, yo empezaba un curso de Logística para el comercio internacional, y si trabajaba de 8 a 3, el curso era todos los días de 4 a 9. Una maravilla, vamos.

Así que fui a hacer como ella, pedir una excedencia de 4 meses que iba a durar el bendito curso. Me dijeron que sólo concedían excedencias si:

  • Argumentaba y presentaba documentación porque iba a trabajar en otra ciudad
  • Tenía una lesión y estaba certificado por un médico.

Realmente, me parecen situaciones bastante duras para faltar a un gimnasio… Sin embargo, cada uno es libre de poner sus propias reglas en su negocio.

Total, que yo les dije que no era el caso, porque ni me movía de la ciudad ni tenía una lesión, era porque mi jornada se iba a endurecer demasiado. Saldría de casa a las siete y veinte de la mañana y llegaría a las nueve y cuarto de la noche. ¡No podía ir!

Aquí fue cuando me dieron la bofetada: el gimnasio tenía un horario de apertura de 6 a 11 de la noche, así que podía ir antes y después de mi jornada, además de los fines de semana. ¿Me querían matar?

Como estaba alucinando, les dije que cuándo habían cambiado las políticas de empresa, porque una amiga mía se había cogido una excedencia y no le habían puesto problema. Su respuesta: jamás. Estas son las políticas del gimnasio desde que se abrió.

Al final, como me estaba poniendo como una burra en recepción, incumplimos un poco la ley y facilité el nombre de mi amiga. Se había dado de baja cuando me dijo que había cogido la excedencia.

Estaba tan sorprendida que hasta me dolió. Joder, si me mentía en algo tan simple como aquello (aunque solíamos decir que es la persona más inconstante de la historia… todo sea dicho), ¿en qué más me estaría mintiendo?

Cuando pillas a un mentiroso, duele. Sobretodo si es en una gilipollez como esa. De hecho, yo misma empecé a preguntarle cuando me enteré, a ver hasta cuándo iba a seguir con esa mentira. Y al cansarme de excusas malas sin sentido, y decirle que sabía que se había dado de baja… Se hizo la ofendida por atacarle y se enfadó conmigo.

No es necesario. Bastantes problemas hay por sí solos como para querer crearse adicionales por una mentira mal hecha y sin necesidad.

Sé asertivo con tus respuestas

Consistencia. Firmeza.

Las personas que están acostumbradas a escucharte un sí, van a llorarte para salirse con la suya. No te conviertas en un bicho veleta por complacer, y mantente firme en tu respuesta.

Si has dicho que no de primeras, no cambies al quizás, porque te estás obligando a hacer algo que no puedes hacer. Y lo sabes en el fondo de tu cabeza.

Volveríamos a dar falsas esperanzas, la culpa… y entraríamos en un círculo vicioso otra vez.

Sé correcto al decir no

Decir no no implica ser irrespetuoso.

Hay distintas formas de decir no, y no se trata de ser políticamente correcto o no, es ser consecuente y hacer entender a la otra persona que no puede pedirte eso.

Ponerse como un basilisco porque vas ahogado no es una opción. Seguramente sea por lo que hayan hecho otros, o incluso tú mismo… te has cabreado, y al final pagan justos por pecadores.

No abras la puerta del infierno para el que no se lo merece.

3 motivos para decir No.

A veces, los comerciales con los que trabajo me dicen que digo no demasiado alegremente, que ni lo intento.

Tanto ellos como yo saben que, después de decir no, y si está en mi mano, voy a buscar alternativas y los voy a llamar luego para darle una vuelta de tuerca para arreglar el berenjenal.

Por eso, ellos piden, pero no exigen porque saben que, si es no, es no. Y de primeras siempre va a ser no 🙂

¿Por qué?

Te ayuda a organizar tu tiempo

Un día tranquilo puedes tener mucho tiempo libre y dedicarte a ser el auxilio de todo el mundo. Un día malo, pero malo de verdad, en el que todo son urgencias, tienes que ser capaz de priorizar.

Saber qué es más importante, más urgente, y dedicar tus recursos para eso. Esto es aplicable tanto en tu vida personal como en el trabajo.

Si, por ejemplo, tienes que ir a trabajar, hacer la comida para no desfallecer, la colada porque corres el riesgo de no vestirte al día siguiente, un recado para tu madre, quedada con una amiga que no ves desde hace seis meses y que sólo está esa tarde ahí, comprar un regalo y un largo etcétera… ¿Qué quieres que te diga?

El día tiene 24 horas, y a no ser que seas capaz de parar el tiempo… No te va a dar la vida para hacerlo todo.

Prioriza

Protege tus intereses

Seguimos con niveles de importancia.

Lo que es importante para ti no tiene por qué ser importante para otro. Seguramente, sólo será importante para los demás lo que les afecte a ellos, directa o indirectamente.

Somos así de egoístas. Es hora de empezar a mirar primero por uno mismo

Establece tus límites

Ser complaciente acaba consistiendo en hacer todo para los demás y nada para uno mismo.

¿Qué ocurre? Que cuando tú necesitas ayuda, la pides… y esperas que te correspondan.

Si no lo hacen, te sientes dolido, defraudado. ¿Por qué ellos no cuando tú sí has estado ahí?

Hay gente muy cabrona, no te lo voy a negar. Sin embargo, aunque a mí me gusta ayudar si está en mis posibilidades, hay veces que por circunstancias se me va de las manos y no puedo hacer nada.

Y no voy a sentirme culpable por ello.

Permíteme preguntarte… ¿Eres de los que dice que sí a todo? ¿Llegas a cumplirlo? Y lo más importante, ¿haces algo por y para ti?

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