9 cosas que debes recordarte de vez en cuando

Vivir al día tiene muchos contras, pero para mí el principal es que nunca se llega a todo.

Demasiados fuegos, demasiado tiempo ocupados resolviendo cosas de los demás… y nos olvidamos de nosotros mismos.

O lo que es peor, nos recriminamos no acabar todo lo que debemos hacer.

Para no fustigarnos continuamente, y no enfadarnos por eso mismo… Tenemos que recordarnos que, a parte de ser humanos, no somos máquinas.

Por eso, he creado esta pequeña lista, que deberías recordarte de vez en cuando a ti mismo

Nadie se preocupa tanto como tú… de lo que estás haciendo

La perfección no existe. ¡Qué te voy a decir yo!

Además, algo todavía mejor: por mal que lo hagas no lo ven tan horrible como lo ves tú.

Un día que iba a la Universidad, con camisa blanca porque iba a hacer una presentación, se me cagó una paloma en lo que yo llamo “el babero”, que no es otra cosa que la zona del escote.

Imagínate: si ya tenía nervios porque me iba a plantar delante de más de 50 personas a hablar de la evolución económica de la industria en España (superdivertido)… con una cagada de paloma en la teta izquierda.

Y no me daba tiempo a volver a casa y cambiarme.

Por supuesto, fue peor el remedio que la enfermedad: limpiar mierda con un pañuelo para extenderla todavía más.

Sin embargo, tuve suerte. Como siempre he llevado el pelo extra largo, tapé aquel destrozo con la melena, e hice la presentación más estática de la historia.

La diferencia fue que, aunque yo pensaba que parecía que llevaba un palo en el culo porque estaba recta y sin gesticular demasiado, mis compañeros de clase pensaban que estaba muy tranquila.

Todo porque, para no pivotar ni moverme demasiado, me había apoyado en la mesa.

Todo va a salir bien

Y los que están en el infierno… quieren agua

KLAPKA, Jerome

Resulta más que complicado ver una miaja de luz cuando parece que, a tu alrededor, todo es sombra. Sin embargo, siempre se ha dicho que para que existan las sombras debe existir una luz que consiga proyectarlas.

Cuando estás en una situación desagradable, incómoda, o incluso que te hace sufrir… es más fácil tomar una actitud derrotista a una posición luchadora.

Porque seguimos la corriente que nos lleva a esa situación.

Cuando tenía doce años, me diagnosticaron escoliosis (o, lo que es lo mismo, que mi espalda hace una S pronunciada). Me pusieron un corsé y me dijeron que, aunque no conseguiríamos que mi espalda fuera normal, intentaríamos evitar que me operaran de la espalda.

A mí me aterraba esa operación… porque sabía que, después de eso, sin que me garantizaran que fuera a estar bien… tendría que estar entre 8-10 meses en cama antes de empezar a hacer recuperación.

Aún con el corsé puesto 23 de 24 horas diarias, los 7 días de la semana, estuvieron a punto de operarme dos veces.

Me sentía desgraciada muchos días, porque hacía ejercicios para la espalda, iba a natación tres días a la semana, llevaba ese espantoso aparato todos y cada uno de los días durante tres años… Y no servía para nada.

Sin embargo, me repetía una y otra vez que lo iba a conseguir, que me esforzaría más, que nadaría más… con tal de evitar esa operación.

El día que me dijeron que me quitaban el corsé es un día que todavía me emociona. Allí, en la consulta del médico, rompí a llorar con 15 años, después de haber vomitado 4 veces esa mañana por los nervios que tenía.

Es importante que te recuerdes que va a salir bien, que estás haciendo lo máximo, y que realmente lo hagas.

Abre una cuenta de ahorro (y ahorra), en vez de una tarjeta de crédito

Las tarjetas de crédito son un arma de doble filo.

Te dan cosas… pero te piden mucho más a cambio. De hecho, y como está comprobado que es lo primero que se deja de pagar cuando se entra en mora, tienen un tipo de interés mucho más elevado que cualquier otro tipo de préstamos.

De hecho, oscila en un 25% anual.

Mientras estuve trabajando en oficina, tenía un cliente que tenía una tarjeta de crédito con un saldo de 1500EUR y pago fraccionado en 12 meses, y el tipo de interés creo que era un 24,85%.

Este cliente sólo usaba la tarjeta para costearse las vacaciones.

Esta era su tabla de amortización, que se repetía año a año, mes a mes

Ejemplo de amortización anual tarjeta – pago fraccionado 12 meses

Si este cliente hubiera pasado olímpicamente de las vacaciones un año, y hubiera dejado en una hucha lo que pagaba en el banco, al año siguiente hubiera reunido 1.709,52EUR.

Le hubieran sobrado 209,52. Al año siguiente otros 209,52, y así sucesivamente. El séptimo año, hubiera tenido unas vacaciones gratuitas.

No hablo yo como persona, o como asesor financiero. Hablan los números. Y esto es si lo metes en una hucha, pero en una cuenta de ahorro todavía se iría un poco más la diferencia (centimillos ahora mismo, que el EURIBOR está en negativo… pero todo suma)

Diviértete

No todo pueden ser obligaciones.

Venga, repítelo conmigo: “¡No todo son obligaciones!

Si no tienes a nadie cerca, te recomiendo encarecidamente que alces puño al aire y lo grites con fuerza.

Hay que saber disfrutar.

No el tipo de disfrute posturetis que se lleva ahora. Ese no es el interesante. Es el hecho de disfrutar y divertirse.

Tienes que reír.

¿Qué es lo que más te gusta hacer en el mundo? Nada grande, ya te he dicho que no es de postureo. Por mí como si quieres ponerte a hacer cruceta (yo la hago, pero porque me relaja).

Y no vale el típico: viajar para ver mundo.

Es algo que puedas hacer en 2 horas. Sea en soledad o con compañía.

Lo importante es eso, poderlo hacer en dos horas.

¡Eres fabuloso!

O fabulosa, todo sea dicho 😉

Yo me miro todos días al espejo y no salgo de casa ni un sólo día sin habérmelo dicho con una sonrisa. Aunque lleve la nariz como un pimiento morrón por un catarro, o parezca el correcaminos porque se me haya echado el tiempo encima.

No es un mantra. No es una afirmación para creérmelo.

Es que a mí me gusta verme fabulosa. Será porque sólo me queda una abuela y tengo que hacer del resto.

Lo cierto es que me sirve. Salgo de casa con una sonrisa, tarareo en el coche mientras se me escapa algún juramento de vez en cuando contra el resto de conductores… Me sienta bien.

Y soy una persona más que corriente. Sin embargo, cuando siempre parece que se estereotipa todo, que hay que seguir todo lo que hacen los demás… y que cada vez veo cosas más raras en los demás y que no considero ni medio normales… 

Acabas pensando que igual el bicho raro eres tú.

¡Pues no! ¡Eres fabuloso!

Sé tú mismo, porque la gente que está a tu alrededor es porque quiere estar contigo, no con otra persona. Les has encandilado, y eso merece celebrarse todos y cada uno de los días de tu vida.

Sigue aprendiendo

Este apartado no implica apuntarse a ningún curso ni nada por el estilo, hay muchas formas de aprender. Pero todas igualmente útiles.

No te conformes con quedarte donde estás, aspira siempre a más. Sé ambicioso.

Una buena frase en un libro, una película, una canción. Escucha atentamente qué quiere decir, coge el concepto, digiérelo, aplícalo.

Ve series y analízalas. Por ejemplo, a Enrique y a mí nos encanta ver series y películas que nos hacen pensar. A veces, lo más tonto puede hacerte abrir los ojos en algo que estabas haciendo tú exactamente igual, pero por verlo en otro lado… algo hace clic en tu cabeza.

Observa tu alrededor. Amigos, familiares… incluso a un desconocido. Yo misma me he sentado alguna vez en un banco de la calle como un abuelillo sólo para ver a la gente pasar.

De hecho, ayer mismo, hablábamos en la comida de la Universidad y cómo era un aprende a buscarte la vida. Y uno de los compañeros dijo:

Una amiga mía, que empezó a trabajar de las primeras, con 17 años, lo ha dejado todo y se ha metido a estudiar.

Nos estuvo explicando que era porque se había cansado de ir de ETT en ETT (aunque fueran contratos temporales de larga duración), y que de hecho, en el curso que estaba haciendo no sólo era la mejor de la clase (antes era la peor de la clase), sino que estaba intentando hacer ver a los que no querían estudiar los contras de no hacerlo.

A mí me han llamado friki, que lo soy… por estudiar (no lo soy por eso jajajajaja). La verdad que me ha dado igual siempre, pero sí que sé que, en ocasiones, dejas a un lado cosas por encajar.

Salte del grupo.

Date un capricho de vez en cuando

Uno de mis mantras era darme un capricho cuando pensaba que había salido algo mal.

Si me salía mal un examen, me compraba un libro. Que me salía de pena un proyecto, me compraba un pack de carboncillos y láminas de dibujo y me ponía a dibujar en blanco y negro a mano alzada.

Eso que “había hecho mal” estaba en mi cabeza, pero el reconfortarme con un premio de participación, como si fuera un niño pequeño…

Funcionaba.

Igual que cuando he hablado de comida digo que en esos días malos te des un capricho culinario, digo que cuando sea un día de perros te des un capricho en general.

No tiene que ser una compra, hay millones de formas de darse un gusto a uno mismo y no soltar un duro… pero hay que intentar disfrutar hasta en las peores situaciones.

Respira hondo

Hará unos años, un día iba tan hasta saturada de trabajo que, cuando se acercó un jefe de otro departamento y me dijo que tenía que pedirme un favor, le solté: “¿Pero tú qué te crees? ¿Que soy la madre del departamento?

Te pongo en situación:

  • Había entrado a trabajar por la tarde y había un retardo de 2 horas en respuesta a clientes y un retardo de 1 hora en respuesta a empleados – a mi equipo se le quitaba un incentivo si no se cumplía el objetivo: todas las solicitudes debían ser procesadas en menos de 4 horas laborables. Debía tener unas 80 pendientes de gestionar y menos de 2 y 3 horas para hacerlas, más las que fueran entrando.
  • Este jefe me había pedido que diera soporte al equipo de valores (compra-venta de acciones) porque estaban incumpliendo en objetivo dentro de una OPV (oferta pública de venta)
  • Este mismo jefe también me había pedido que contactara a varios clientes del equipo de internacionales, porque esa tarde no había nadie que hablara inglés.
  • Llevaba dos horas y media trabajando a destajo, a tres bandas, y sin levantarme de la silla ni para hacer pis. Tenía incumplido el objetivo de departamento ya, y no hacían más que interrumpirme con ayudas pequeñitas.

Tenía que haberme levantado de la silla, ido a dar una vuelta, y respirar hondo mientras dejaba de palpitarme la vena debajo del ojo.

Sin embargo, como pensaba que iba a llegar… me había quedado, crispada a más no poder por ver a más de uno haciendo birding, y yo trabajando como si mi vida dependiera de ello.

Y exploté.

No lo hagas. No explotes. Sé más inteligente que yo. Levántate, respira hondo, airéate.

Yo tuve suerte porque él sabe que soy más malhablada que un motorista de los satanases del infierno, y porque a los cinco minutos, cuando me di cuenta de lo que había dicho, me levanté y pedí disculpas para preguntar qué tenía que hacer.

Sólo quería preguntarme si había llamado a los ingleses porque eran clientes importantes.

Por eso, antes de explotar… respira hondo, y analiza qué es lo que puedes hacer.

Busca (y encuentra) pensamientos positivos

¿Te acuerdas de van Gaal? “Siempre positivo, nunca negativo

Pues mi hermano actúa así. Cree que, si se queja, empieza a crear un montón de sentimientos negativos que acaban afectando a las decisiones que toma después.

Y está en lo cierto.

Cuando yo salgo de casa con poco tiempo, me enfado con los conductores que van más despacio de la velocidad permitida hasta que ven un semáforo que empieza a ponerse en ámbar y se lo saltan, pero yo me lo como, y detrás de ese todos los semáforos que me voy encontrando. Y llego entre 5 y 7 minutos más tarde de lo habitual… me acabo enfadando.

Y lo arrastro a lo largo del día.

O, por ejemplo, un día hablando con mi madre sobre una compañera de trabajo, que prefería dormir en camas separadas a una de matrimonio, por dormir más anchos. Y mi madre diciéndome: “Si te enfadas, piensa que como vas a tener que compartir cama más vale desenfadarte antes de echarte…

También tiene razón. Y lo mejor de eso es que a la mañana siguiente se te ha pasado ya. Sin embargo, si te echas enfadado a la cama, lo vas rumiando toda la noche.

Lo malo de estas situaciones es que no intentamos ver los lados positivos a las cosas, sólo nos centramos en lo negro, oscuro.

El miedo lleva a la ira, la ira al odio, y el odio lleva al sufrimiento

Y a ti, ¿te ha dado alguna vez por entrar en el lado oscuro? ¿Qué es lo que te recuerdas a ti mismo de vez en cuando?

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